La Carpeta:
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Pero los cuerpos policiacos municipales no solamente son la llave a los ingresos que la corrupción cotidiana propicia. Son el seguro para que los bandidos hagan lo que les dé la gana.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 6, 2016, 7:02 am

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A mitad de su ejercicio como gobernador del difícil estado de Morelos, Graco Ramírez Garrido Abreu no se ha significado por ser un gobernante osado, dispuesto a rifársela defendiendo la autoridad que debe ejercer; ha sido más bien un tibio gobernador que ha sabido sortear con habilidad los obstáculos de un estado clave en el eje de la inseguridad y el narcotráfico, que va de sur a norte en nuestro país. Tal vez su más notable debilidad es que no haya demostrado tener los tamaños para enfrentar a una pandilla de vivales seudoprotectores del patrimonio cultural e histórico que no le han permitido —esa es la palabra— realizar la necesaria ampliación de la carretera Cuautla-La Pera, en el segmento de Tepoztlán. Los trabajos están parados, a medias, sin decisión y sin negociación.

Pero esos tamaños que se necesitan en Tepoztlán son nada comparados con los tamaños que demostró el lunes el gobernador al ponerle el cascabel al gato de Cuauhtémoc Blanco, recién estrenado alcalde de Cuernavaca en rebeldía, que se niega a acatar el Mando Único para las fuerzas policiacas en la capital del estado, y cuyo primer acto de gobierno fue mandarle una cartita a Santaclós Peña Nieto, pidiéndole que quitara a los miembros del cabildo que no se le disciplinaran.

Ahora sucede que el municipio de Temixco, donde fue arteramente asesinada la breve alcaldesa Gisela Raquel Mota Ocampo por al menos siete sicarios, no es más que un barrio conurbado de Cuernavaca. Esa circunstancia le da a la obstinación del exfutbolista metido a político una faceta más espectacular, rozando en lo sospechoso.

Graco Ramírez ha sido preciso: detrás de Cuauhtémoc Blanco hay una runfla de maleantes ligados al crimen organizado, concretamente al cártel de Guerreros Unidos. Abundó en pelos y señales: Carlos de la Rosa Segura, nombrado secretario de Seguridad Pública de Cuernavaca, es hombre cercano a Federico Figueroa, y éste es el jefe del grupo delictivo, denunció Graco Ramírez.

No es la primera vez que el nombre del señor Figueroa aparece en este contexto. A su notoriedad como sospechoso de delincuencia organizada se suma la circunstancia de ser hermano de un músico popular recientemente fallecido; eso es totalmente irrelevante. En este país, como en ningún otro, la portación de pariente incómodo no constituye delito. Por lo demás, el cantante Joan Sebastian no se alcanzará a molestar por las imputaciones.

Cuauhtémoc Blanco tuvo una ríspida reunión con el gobernador Graco Ramírez, según han confesado ambos. El alcalde de Cuernavaca declaró, solemne, que responsabiliza al gobernador por el eventual daño que él, su familia y la gente que “está detrás” del alcalde pudieran sufrir. Francamente, el que debiera preocuparse por su personal seguridad y la de sus familiares debiera ser Graco Ramírez. En la charla que tuvieron, Blanco amenazó con “partirle la madre” a quien se le opusiera en sus criterios de gobierno. Tal vez la frase sea una expresión usual de muchos mexicanos y a mí no me asusta que se profiera, aunque ello sea políticamente incorrecto. Lo que sí me aterra es que se vaya a cumplir, como se cumplió en la persona de Gisela Mota, por haberse negado, según todo indica, a entrar en componendas con el crimen organizado.

Graco Ramírez ha demostrado tener tamaños al hacer una denuncia tan grave y en esos términos. Pero tampoco está descubriendo el agua tibia ni el hilo negro. No es solamente por los caminos del sur por donde los delincuentes se han hecho de posiciones de poder, particularmente entre los cuerpos policiales y, de manera especial, en la autoridad municipal. En todo el país, la autoridad municipal, la que constituye el primer contacto del ciudadano con el Estado, ha sido objetivo permanente de las bandas de narcos, secuestradores, asesinos, abigeos, ladrones y extorsionadores que no se han tentado el corazón para matar y mandar matar a quienes se atrevan a rechazar sus tentadoras ofertas de plata fácil. El plomo ha sido ejercido en cruel y dispareja ecuación.

A eso se debe la oposición al Mando Único por los que manejan a Cuauhtémoc Blanco. Es falso que el Mando Único viole la soberanía municipal; la Constitución es muy clara de las funciones coordinadas entre autoridades municipales y del estado en el campo de la seguridad.

Pero los cuerpos policiacos municipales no solamente son la llave a los ingresos que la corrupción cotidiana propicia. Son el seguro para que los bandidos hagan lo que les dé la gana.

¿Y el gobierno federal?

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