La Carpeta:
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El idiota de Solón, a quien disgustaban esas irreverencias, expulsó a Tespis. Éste trepó a sus actores a un carromato y se dedicó a ir por el camino representando sus obras en cualquier plaza y ante cualquier público que quisiera escucharle y dar algún óbolo. La carroza de Tespis fue al mismo tiempo transporte, casa y escenario de esa simiente de las carpas.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 28, 2016, 6:37 am

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Tespis es uno de los más importantes protagonistas de la historia del teatro y, por tanto, de la cultura. Antes de su intervención, en la Grecia antigua las representaciones teatrales —theatron quiere decir, lugar para ver— eran un mero concierto de largos ditirambos que recitaban el coro y el corifeo narrando tremendas tragedias generalmente de dioses. Tespis introdujo un tercer actor y, por tanto, inventó el diálogo, sin el cual lo que conocemos como teatro no existiría.

El idiota de Solón, a quien disgustaban esas irreverencias, expulsó a Tespis. Éste trepó a sus actores a un carromato y se dedicó a ir por el camino representando sus obras en cualquier plaza y ante cualquier público que quisiera escucharle y dar algún óbolo. La carroza de Tespis fue al mismo tiempo transporte, casa y escenario de esa simiente de las carpas.

En el más puro estilo de Tespis, el gobierno mexicano ha comenzado un espectáculo itinerante de los llamados foros para discutir la legalización o no del uso de la mariguana. Magnánimo, el secretario de Gobernación aceptó en la primera parada de este carromato, en Cancún, que se discuta el uso de la mariguana para aplicaciones médicas. Ello, claro, siguiendo el libreto marcado por su jefe; el presidente Peña Nieto fue plausiblemente sincero cuando fijó su postura en favor de abrir la discusión sobre la mariguana, dejando en claro —especialmente a sus ministros— que su posición personal es en contra.

Don Miguel Ángel Osorio Chong no es tonto y sabe perfectamente que el tema del uso medicinal de la mariguana ya está superado. Los mexicanos, incluyendo a Osorio Chong, sabemos desde hace generaciones que la mariguana se usa médicamente. Solamente ahora sale en los periódicos que los padres regiomontanos de Grace lograron, gracias a la cannabis —traída desde Estados Unidos—, reducir las 400 convulsiones epilépticas al día de su hija, a la cuarta parte.

Yo, en lo personal, espero con devoción que la mariguana le permita a mi amigo Tony Flores recuperar, con ayuda de la mota, no solamente el habla fluida y cierta movilidad, como ya lo ha logrado, sino la plenitud de sus talentos de gran cómico.

Pero el asunto hoy es otro. El uso de la mariguana para efectos “recreativos” —es decir, porque me gusta fumar la mota— ya también ha sido superado por el curso de los acontecimientos. La Suprema Corte de Justicia de la Nación hizo historia otorgando el derecho a cuatro individuos, que me parece que ni siquiera fuman mariguana, para cultivar, cosechar y eventualmente consumir la yerba en la forma que consideren pertinente.

En la ópera de Ruggero Leoncavallo, la gran tragedia de Canio es ser el último, como sucede con los maridos cornudos, en enterarse quién es el amante de Nedda.

El gobierno mexicano se empeña, como Canio en Los Payasos, en cerrar los ojos ante la evidencia de lo innegable. Hemos vivido más de un siglo con drogas legitimadas por la ley que causan daño social, sanitario, moral y criminal mucho mayor que lo que podría causar la mariguana. El tabaco y el alcohol, que nuestros niños consumen por la libre, son de mayor perjuicio.

Es hora de dejar de hacerle al payaso.