La Carpeta:
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En este morbo hollywoodesco se olvida lo esencial: la corrupción sin límites de nuestros gobiernos que permitieron la huida del Chapo, las muertes de los periodistas bajo un narcosistema, la convivencia y connivencia de autoridades civiles y militares con el crimen organizado, la relación nunca mostrada a la luz de los empresarios mexicanos y los narcotraficantes a través del lavado de dinero.
Jose Jaime Ruiz
enero 14, 2016, 12:01 pm

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La importancia concedida a los actores Sean Penn y Kate del Castillo en el affaire el Chapo no sólo es exagerada, es impúdica. La impudicia no tiene que ver con romper valores conservadores o con pureza moral. Hay deshonestidad periodística en Sean Penn al aceptar una entrevista a modo, sin réplica de reportero. Hay lascivia escenográfica en Kate del Castillo a quien le interesa más su promoción actoral y la posibilidad de negocios compartidos con Joaquín Guzmán Loera.

Rebajar la recaptura del Chapo a sus efectos cinematográficos es reducir lo esencial: la corrupción de las autoridades políticas y militares en México, la connivencia de los diferentes niveles de gobierno con el narcotráfico, la ineficacia en combatir la inseguridad, la falta de rendición de cuentas, la impunidad.

Lo más relevante no es la flatulenta crónica del inmune Sean Penn que ni siquiera es periodismo gonzo, aunque el comentarista mexicano, Ciro Gómez Leyva, ponga de manera simplona su texto a la altura de los de Julio Scherer, Oriana Fallaci o George Sylvester Viereck llegando a la teleológica conclusión de que el trabajo de Penn es un “extraordinario documento periodístico”. En realidad la crónica de Sean no trata del Chapo, trata de Sean.

Lo más relevante no es la relación amistosa de Kate del Castillo y el Chapo Guzmán ni sus escarceos ni el implante en los testículos del Chapo para que consiguiera erecciones. Kate del Castillo tendrá que declarar por esta relación en México y en Estados Unidos, también por su conexión en posibles inversiones no sólo para producir una película de la vida del narcotraficante, sino por sus supuestos tratos de coinversión en otras empresas, como la de Delawere.

En la civilización del espectáculo lo que importa es el chisme, la celebridad, el cotilleo bajo la estructura de un culebrón. En este morbo hollywoodesco se olvida lo esencial: la corrupción sin límites de nuestros gobiernos que permitieron la huida del Chapo, las muertes de los periodistas bajo un narcosistema, la convivencia y connivencia de autoridades civiles y militares con el crimen organizado, la relación nunca mostrada a la luz de los empresarios mexicanos y los narcotraficantes a través del lavado de dinero. Lo demás es literatura.