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Todo este caso de romance que deviene en historia policiaca esquiva involuntariamente lo fundamental.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 15, 2016, 5:30 am

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…hasta que no te pasa a ti, no sabes cómo se siente.

                Lady Gaga, Diane Warren, Til it happens to you

Mi abuela solía decir: la hormona es cabrona.

Ha surgido media docena de versiones que explican cómo fue posible que el más importante de los prófugos de todas las justicias haya sido capturado casi casi por una infracción de tránsito y por la que antes se llamaba Policía Federal de Caminos a la búsqueda de un carro rojo robado. Hay la versión oficial que insiste en que fue la intelligenzia mexicana la que laboriosamente siguió todas las pistas de Joaquín Archivaldo Guzmán desde que salió de la boca del túnel que le sacó del “penal de máxima seguridad”. Esa versión incluye la negativa del secretario de Gobernación, Osorio Chong, de que un retén militar se le cuadró al hijo de El Chapo en la carretera. La otra “línea de investigación”, que diría la procuradora Gómez, es que la nalga es la nalga y que, como afirma el decir popular, jala más un par de tetas que dos carretas.

No sé de qué nos asombramos. Todos hemos sucumbido en algún momento de nuestra vida a la seducción que las feromonas ejercen sobre nuestro cuerpo, comenzando por el cerebro. Kate del Castillo es una mujer ermoza —los pinches celulares cambian en automático la ortografía como les da su gana—  y Joaquín Guzmán Loera un hombre que mi abuela llamaría jarioso, aunque la Real Academia de la Lengua Española no le haga caso.

Todo este caso de romance que deviene en historia policiaca esquiva involuntariamente lo fundamental.

Cierto —y me consta—, la figura de El Chapo Guzmán roza en Sinaloa los niveles de santo. En la Ciudad de México, en una esquina de la avenida Doctor Vértiz, hay un altar a la Santa Muerte acompañada de la imagen del narcotraficante. Cierto, y me consta, los criminales afamados destinaron una pizcacha de su fortuna a la asistencia social de los pueblos que les vieron crecer. Donativos a la parroquia no fueron extraños, garantizando la complicidad de los curas.

Lo que se nos olvida es que el crimen organizado mata.

De manera directa, como dicen que Joaquín habría dado de balazos en la cara a algunos de sus adversarios, y mata de manera delegada, como a todos los que se fueron como Bowie o Joplin por exceso en el consumo de sus tóxicas mercancías, sin contar a otros anónimos y numerosos. Como dice Joaquín Archivaldo, mientras haya quien compre habrá quien venda.

Hasta que no te sucede a ti, dice la canción de Lady Gaga. Nos está sucediendo a todos.

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