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Todos los intentos por limitar la venta libre de armas de fuego en Estados Unidos se han estrellado con la barrera legislativa de la Asociación Nacional del Rifle y su enorme capacidad de cabildeo
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 4, 2017, 6:36 am

Hace tres semanas mi mujer se fue a Las Vegas con unas amigas, porque las señoras —allá ellas— tenían ganas de ver el espectáculo de Ricky Martin. La noche del domingo, a unos metros de donde había estado la madre amada de mi adorada hija menor, un orate mató a una sesentena de seres humanos y mandó al hospital a centenares. Nada más porque sí. Desde la ventana de su cuarto en el Mandalay Bay.

Thomas Hezekiah Mix fue un héroe vaquero de las películas mudas de Hollywood, esas que nos enseñaron que a la hora señalada la ley del revólver era la que imperaba. Y quien nos ayudó a cantar que dos horas de balazos eran suficientes para acabar una contienda.

Benjamin Bugsy Siegel inauguró en 1946 la capital del pecado, el primer e improbable hotel de Las Vegas, con su talento, y con el dinero de otro mafioso judío, venido de Brooklyn, Meyer Lansky. Es todavía el hotel Flamingo’s. Bugsymurió a manos de la gente de Lansky en Beverly Hills, cerca de la calle Rodeo.

¿Qué tienen que ver todos ellos en la misma cacerola?

Que todos ellos —y muchos más en el país del norte— comparten en su código social el culto a las armas. Lo que la segunda enmienda constitucional de Estados Unidos establece: el derecho a todos de tener y usar un arma. Todos los intentos por limitar la venta libre de armas de fuego se han estrellado con la barrera legislativa de la Asociación Nacional del Rifle y su enorme capacidad de cabildeo.

Estados Unidos, al lado de Rusia, China, la República Checa e Israel, son los principales abastecedores de armamento en el mundo. Para quien las quiera comprar. Guerrillas en América del Sur o terroristas de Oriente Medio.

Esta vida es un negocio, diría Tim McCoy.

Yo digo que los norteamericanos tienen que revisar su política hacia la compra irrestricta de armas de fuego.

PILÓN.— El rey Felipe VI de España tuvo que lanzar anoche un mensaje patético a sus compatriotas ante la más grave crisis que haya enfrentado desde el intento de golpe de Estado encabezado por Tejero. En aquel momento, su padre, vestido con su uniforme militar de jefe de todas las fuerzas armadas, logró convocar al orden. Ahora no se han disparado balas en las Cortes, pero se han repartido garrotazos en las calles de Barcelona ante el oficialmente descalificado plebiscito sobre la separación de Cataluña del resto de España. Felipe ha hecho un llamado a la Constitución. Los catalanes han lanzado un grito en pro de la independencia. Desde luego, serán los españoles de España y los españoles de Cataluña los que decidan qué hacer con sus respectivas naciones. La violencia en las calles no tuvo justificación, aun y cuando tuviese razón. O legalidad.

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