La Carpeta:
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  En este divorcio del TLCAN, si es inevitable y no lo creo, levantemos nuestras fichas y vámonos del casino con nuestra música a otra parte.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 16, 2017, 5:23 am

Total, que fue tiempo perdido,

                 el que tú has meditado

                para ahora decirme que no puede ser.

                Ricardo García Perdomo,Total

El día de hoy lunes debe ser muy importante para dos procesos estancados en conflicto, consecuencia de obstinaciones y chantajes: la independencia de Cataluña y el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. El catalán Carles Puigdemont tendrá que definirle al gobierno central de España, hoy mismo por la mañana, si lo de la independencia proclamada unilateralmente iba en serio o era puro vacilón.

En el otro foro, los representantes del gobierno mexicano han de levantarse de la intolerante mesa de negociaciones de Estados Unidos, que asemeja más a una mesa de negaciones; sin que esto signifique salirse del TLCAN. Será solamente una advertencia al señor Trump de que, como dice el bolero del cubano García Perdomo: viví sin conocerte, puedo vivir sin ti.

Esa última frase es la que en ambos escenarios los saboteadores no parecen entender. Si la independencia catalana se consumase, España seguiría con la precaria solidez que hoy sufre, nadie ganará, pero el principal damnificado será el pueblo catalán y su economía. Será una victoria pírrica que solamente ha de satisfacer los egoísmos nacionalistas que ya no tienen validez alguna. O que no deben tenerla.

Hay un México después de la potencial muerte del TLCAN, y su prosperidad y abundancia solamente dependen de los mexicanos, no de los clientes gringos para los aguacates y los tomates de Michoacán y Sinaloa, respectivamente.

Por eso, las negociaciones del TLCAN, como dijo Carstens el sábado, llegarán a buen puerto. Donald Trump puede ser un despreciable imbécil, pero no es pendejo. Sus asesores saben, perfectamente, que si se rompe el TLCAN nadie gana, pero que los damnificados mayores son los productores agrícolas de EU y millones de consumidores de productos mexicanos que seguirán comprándolos, a un sobreprecio por los aranceles que presumiblemente impondrá el gobierno de allá.

Los políticos mexicanos pretendieron agarrarse de las palabras vagas del Trudeau junior, heredero del primer ministro del Canadá, como si fuese un clavo ardiente en una laguna cenagosa, de visita en México. Se les olvida constantemente que el primer ministro de Canadá trabaja para los ciudadanos de Canadá, de la misma manera que Donald Trump busca lo mejor para los norteamericanos de allá y así lo dice: America First.

La semana pasada me pidieron que hablara en la boda de dos jóvenes que estimo mucho, y no pude evitar la definición que Prosper Mérimèe hace del matrimonio: es como un viejo mesón español; solamente recibes lo que tú mismo trajiste.

En esto de los divorcios comerciales es prácticamente lo mismo. Sólo te llevas lo que has aportado. México —de alguna manera lo señaló Trudeau— contribuye al comercio trilateral con su injustamente pagada fuerza de trabajo y su creciente capacidad de consumo. Por eso se convirtió en el país de las plantas maquiladoras de coreanos,  japoneses,  gringos y alemanes, que son realmente los primeros beneficiarios del TLCAN: producen barato aquí y venden sin límites en el Norte. ¿Cuál es el problema en asumirlo?

En este divorcio del TLCAN, si es inevitable y no lo creo, levantemos nuestras fichas y vámonos del casino con nuestra música a otra parte. Dinero hay en los países árabes, en Asia, incluso, en América del sur. Nosotros, para bien o para mal, seguimos teniendo trabajadores capacitados, eficientes y mal pagados, así como también la cercanía a un mercado que sigue siendo grande. Este matrimonio con la economía de EU ha sido, como decía mi abuela, una cruz. Pero, como dice otro bolero, de amor no voy a morirme. Eso no lo hago, ni por favor.

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