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Una última pregunta: ¿A qué hora se disculpan o indemnizan correctamente, o las dos cosas, las siguientes personas —todas ellas favorecidas por la vida y conscientes de que debe guiarles la ética— que dirigen el Tecnológico de Monterrey?
Federico Arreola
octubre 20, 2017, 5:57 am

Dice Joaquín López-Dóriga en Milenio

“El problema del Campus Ciudad de México del Tec de Monterrey se agudiza día a día. Alumnos y padres de familia exigen peritajes y clases. Es la peor crisis de esta institución en sus respetables y fecundos años de vida”.

Dice la revista Proceso en su edición de esta semana:

“Sin acusar todavía a nadie, pero con la intención de que se haga justicia, al menos una familia afectada por el desastre del 19 de septiembre en el Tec de Monterrey se prepara con el propósito de denunciar a quien resulte responsable de la muerte de un estudiante. Todavía conmocionados, los deudos del joven Juan Carlos Álvarez se preguntan por qué en el Colegio Rébsamen ya comenzó el deslinde de responsabilidades y en el caso del Tec sus directivos mantienen el hermetismo, aun hacia los padres de las víctimas”.

Dice Lilly Téllez en su videocolumna:

Una pregunta: ¿No se van a disculpar los que mandan en el Tec de Monterrey?

Murieron cinco estudiantes durante el sismo del 19 de septiembre no por la fuerza de la naturaleza, sino por la incompetencia de la administración de la mejor escuela de ingeniería de México, una de las universidades más reconocidas del mundo. Resulta simple y sencillamente absurdo que el Tecnológico de Monterrey permitiera la construcción de algunos puentes evidentemente mal cimentados. Punto. La culpa de la tragedia es del Tec, y no hay más que discutir. Lo que sigue, lo único moralmente aceptable, es una disculpa y una generosa indemnización a las familias que hoy sufren.

Otra pregunta: ¿O no van a indemnizar millonariamente los que mandan en el Tec a las familias de los muchachos muertos?

En la estructura de administración del Tecnológico de Monterrey abundan los empresarios; de hecho, en la parte superior de la estructura de mando hay más presidentes que rectores, como en las empresas con fines de lucro, no como en las universidades. O como en la ONU. Qué bueno que, formalmente al menos, en las empresas se usen títulos republicanos, no monárquicos: sería de mal gusto ver compañías industriales o financieras dirigidas por reyes y reinas, Por príncipes y princesas.

Como los que mandan en el Tecnológico de Monterrey son hombres y mujeres de negocios, todos ellos admirados y respetados por su sentido de la justicia, quizá consideran que las disculpas por sí solas, es decir, no acompañadas por generosas cantidades de dinero, son pura demagogia. ¿Esa es la razón por la que no han visitado a las familias para algo tan sencillo como simplemente pedir perdón?

Si ello les apura, entonces que no se disculpen, que hagan lo que mejor hacen: resolver el problema con dinero. Es muy vulgar buscar solucionar tragedias humanas con dinero, pero si por falta de tiempo o de ganas no caben los gestos de elemental humanidad, al menos que compensen en algo a las familias enlutadas con aquello que les sobra a los directivos de la querida universidad privada nacida hace tantos años en la capital de Nuevo León.

Una última pregunta: ¿A qué hora se disculpan o indemnizan correctamente, o las dos cosas, las siguientes personas —todas ellas favorecidas por la vida y conscientes de que debe guiarles la ética— que dirigen el Tecnológico de Monterrey?

 
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