La Carpeta:
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Cuando se dio el anuncio de la fantástica fuga de Joaquín Archivaldo Guzmán, pocos eran los dispuestos a ocupar el foro para dar a conocer la pifia y asumir la responsabilidad. Monte Alejandro Rubido fue, en aquel 12 de julio del año pasado, el único que dio la cara.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 12, 2016, 5:58 am

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Conozco poco y aprecio mucho a Kate del Castillo como actriz y como persona. Tuve más trato y amo más a su hermana Verónica, y estimo grandemente a sus padres, Eric y Kate.

Cuando se dio el anuncio de la fantástica fuga de Joaquín Archivaldo Guzmán, pocos eran los dispuestos a ocupar el foro para dar a conocer la pifia y asumir la responsabilidad por ella. Monte Alejandro Rubido, comisionado entonces de Seguridad, y pocos días después investido como guía de turistas de Adela Micha para que recorriera el camino infame, fue en aquel 12 de julio del año pasado el único que dio la cara. No estuvieron en la ceremonia de anuncio ni el secretario de Gobernación, Osorio Chong, ni los secretarios de las Fuerzas Armadas, ni el señor Ímaz, del Cisen. Monte Alejandro Rubido, como decimos los mexicanos, aguantó vara, aunque no admitió preguntas. Poco después fue despedido y es la única cabeza grande que cayó a consecuencia de la fuga del siglo. Tú, sólo tú.

Seis meses después, el anuncio de Miguel Ángel Osorio Chong ante los embajadores y cónsules mexicanos que esperaban el primer curso de una comida con el presidente Peña Nieto, desencadenó una cadena de júbilo exagerado, aunque explicable, que culminó en el canto del Himno Nacional, como si se tratara del mensaje enviado por Ignacio Zaragoza en su poblano momento: “Las armas mexicanas se han cubierto de gloria”. Luego, después de inexplicables ocho horas de tener al delincuente en el hangar de la PGR, aparecieron ante las cámaras los secretarios de Gobernación, de Marina, de la Defensa, una procuradora dislálica y mucha gente más para colgarse la medalla. De ahí a que los opinadores volvieran a posicionar al ministro Osorio Chong en la carrera de la sucesión presidencial de 2018 había sólo una tecla.

No se trata de demeritar el logro del Estado mexicano en este caso; mi abuela decía, sin embargo, que hay que estar en las duras para poder estar en las maduras. Lo que pasa es que el presidente Peña había desatado, con su tuiter “misión cumplida”, el carrusel de los egos y, dentro de él, luego nos enteraríamos que la abultada autoestima de El Chapo —puedo proporcionar más heroína, metanfetaminas, cocaína y mariguana que nadie en el mundo— le iba a conducir a la captura. Tú, sólo tú.

Hollywood cuesta, y aparentemente El Chapo quería pagar el precio de lograr la fama mediática que Hollywood, con la novela de Tom Clancy y Netflix, le dieron a Pablo Escobar, el colombiano. Ahora, la insinuación de que la relación entre Kate del Castillo y El Chapo va más allá de una admiración respetuosa de ambos lados, o una empresa de producción cinematográfica que no se ha concretado, para devenir en historia erótico-sentimental, me viene Wilson. El Chapo, por lo que se sabe, es un hombre heterosexual, con inclinación marcada hacia las mujeres guapas, y Kate es una bellísima mujer que las conductoras de programas noticiosos de Fox Sports quisieran llegarle a los talones.

Toda esta semana vamos a vivir de los ecos de la recaptura de El Chapo.

Si usted piensa que nos vamos a enterar de las complicidades a todos los niveles de la fuga espectacular de julio pasado, siga esperando.

PILÓN.- La letra de la justicia mexicana, tantas veces violada, suele ser muy sabia. A algunos ha sorprendido que El Chapo Guzmán no haya adquirido, por haberse escapado del penal de alta seguridad, cargos penales adicionales a los que ya tiene encima. Sabiamente, el Código Penal mexicano no considera un delito evadirse de una prisión. Parecería que el legislador hubiera leído el capítulo LVIII de la segunda parte del Quijote, donde el manchego le endilga a Sancho su discurso sobre el bien preciado de la libertad.

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