La Carpeta:
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Se equivocan los operadores de taxis concesionados del aeropuerto en enderezar sus cañones en contra de los operadores de Uber, el pleito no es con ellos ni con los propietarios del moderno servicio de transporte, la bronca es con sus líderes y con la SCT que les dio una concesión que pretenden ver como una exclusividad.
Francisco Tijerina
enero 15, 2016, 5:22 am

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“Sólo los necios se encuentran satisfechos y confiados con la calidad de su trabajo.” //Mercedes Milá

Se equivocan los operadores de taxis concesionados del aeropuerto en enderezar sus cañones en contra de los operadores de Uber, el pleito no es con ellos ni con los propietarios del moderno servicio de transporte, la bronca es con sus líderes y con la SCT que les dio una concesión que pretenden ver como una exclusividad.

Si resulta triste ver la actitud de los choferes al golpear un auto, lanzar gritos, improperios y amenazas, es en verdad patética la pasividad de los policías federales y los guardias de seguridad del aeropuerto que se hacen los desentendidos ante el problema.

No señores, no se equivoquen, el problema no está en un moderno sistema mundial que, aunque les duela, llegó para quedarse; el problema está en ustedes, en sus líderes anquilosados en las viejas prácticas y en limitarse a cobrar sin modernizarse, explotando a los choferes, mendingando el mantenimiento a las unidades.

Vuelo con frecuencia y me veo obligado a tomar los taxis del aeropuerto, sobre todo cuando vuelvo a Monterrey. Puestos de acuerdo, están todos juntos cobrando las mismas tarifas, pero cuando decides al prestador del servicio, nadie te dice si tienen unidades disponibles o si tendrás que reventarte una fila en el frío, la lluvia o el calor.

He tenido que sufrir la prepotencia e imbecilidad de muchos cafres que se sienten pilotos de Fórmula 1 y que transgreden cualquier límite de velocidad porque les urge aventarte e ir por otra carrera; en más de una ocasión he tenido un susto cuando hemos estado a punto de chocar.

Debo decir, también, que me han tocado choferes amables, atentos y respetuosos; recuerdo especialmente a uno que te ofrecía un bote de agua fresca, un refresco o hasta una cerveza helada, “sin costo jefe, por el puro gusto de atenderle”, pero son los menos.

El pleito y la defensa no es de los trabajadores, sino de sus líderes que cómodamente en una oficina climatizada se dedican a cobrarles; son ellos, los líderes, los que deberían haber tenido una visión a tiempo, deberían haber cambiado, deberían estar dialogando en la Secretaría de Comunicaciones (si es que acaso encuentran al delegado que no atiende a nadie aquí en Nuevo León).

Con su actitud de porros del siglo pasado los choferes del aeropuerto pierden lo poco que les queda y se exhiben a la percepción ciudadana. Ojalá entendieron que todo ese coraje deberían ir a expresarlo en otro lugar.

Porque aunque no les guste, Uber ya les comió el mandado y como esa saldrán otras mil compañías que tarde o temprano los desplazarán por completo. La única opción es renovarse o morir.