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La agresión de Fidel Kuri, dueño del equipo de futbol Veracruz, a Edgardo Codesal, titular de la Comisión de Arbitraje, así como el inexplicable comportamiento de los hinchas del Monterrey este domingo en Puebla que destrozaron butacas recién colocadas y prendieron fuego en el estadio, es una alerta que se debe tomar en cuenta.
Francisco Tijerina
enero 18, 2016, 6:57 am

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“El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo.” // Antoine de Saint-Exupéry

Algo debe estar pasando cuando el mayor espectáculo de nuestro país se ve envuelto en hechos violentos fuera de la cancha.

La agresión de Fidel Kuri, dueño del equipo de futbol Veracruz, a Edgardo Codesal, titular de la Comisión de Arbitraje, así como el inexplicable comportamiento de los hinchas del Monterrey este domingo en Puebla que destrozaron butacas recién colocadas y prendieron fuego en el estadio, es una alerta que se debe tomar en cuenta.

Porque no son los hechos en sí, sino lo que significan; no es lo ocurrido en Veracruz ni los eufóricos regios en Puebla, son los sentimientos, de impotencia para conducir un sentimiento (de ira o de alegría) y al mismo tiempo de impunidad que les hace creer a unos y otros que pueden hacer cuanto quieran sin merecer un castigo.

Me preocupa la actitud, que no se resuelve imponiendo sanciones económicas a los clubes, sino castigando a sus aficionados para que entiendan, de una vez por todas, que deben acatar reglas y comportarse como personas civilizadas.

Tanto o más que lo anterior me preocupa la visión de muchas personas que insisten en mantener a Monterrey como una ciudad chiquita.

Desde hace tiempo se viene manejando la posibilidad de que Tigres tenga un nuevo estadio, se ha dicho que hay inversionistas que quieren construir el inmueble y se ha manejado como una opción el que se ubique en el Río Santa Catarina.

Ayer, al publicarse una nota de que Cemex estaría de acuerdo, se dio una reacción virulenta por parte de algunas personas que sin tener conocimiento detallado del proyecto ya le estaban poniendo peros.

Que si el agua, que si los huracanes, que si el tráfico, mil y un pretextos expusieron los “negados”, ante una posibilidad que aún no se confirma y de la cual no tienen mayor detalle.

Viendo la posible maqueta (nadie ha confirmado que esa sea la real), me queda claro que se trata de un portento de ingeniería; que es un estadio elevado del plan del río y que el cauce quedaría libre para el paso de las aguas. ¿El tráfico será problema? En un descuido esa sola obra será la causante de que se resuelva, de una vez por todas, el margallate que tenemos a diario en Constitución y Morones Prieto.

Me preocupa la actitud de los violentos como la de los negados que a todo anteponen un “no” y después buscan cómo justificar su postura.

Así como debemos cuidar que el futbol profesional sea un espectáculo de altura y digno para las familias, es necesario que empecemos a ver a Monterrey y su zona metropolitana con otros ojos, es imprescindible que dejemos de desconfiar, que apostemos por hacer cosas grandes como sucede en China o en Dubai, que creamos en la capacidad e inteligencia de nuestros ingenieros y que pensemos en que nos merecemos no sólo un estadio, sino una ciudad de primer mundo.