La Carpeta:
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Unidades en pésimo estado, con taxímetros alterados y choferes mal vestidos, de mal humor y peor conducción al volante, son la carta de presentación que hoy quieren equiparar con un servicio moderno, eficaz, seguro y confiable como lo son las compañías con aplicaciones tecnológicas.
Francisco Tijerina
enero 29, 2016, 5:09 am

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“A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad.” // Victor Hugo

Durante largos años se ha dicho que los taxis en Nuevo León son utilizados por los delincuentes para cometer sus fechorías.

La falta de control de las autoridades, la inexistente identificación de los choferes que en su inmensa mayoría ni tienen una licencia especial ni son los verdaderos concesionarios pues rentan los autos, el desinterés por hacerlos ubicables mediante sistemas eficientes de identificación y principalmente la conveniente apatía de los propietarios de las unidades, han colaborado en una absoluta desconfianza de los usuarios que no les creen ni a los “funcionarios públicos”, ni a los taxistas, ni a sus líderes.

Unidades en pésimo estado, con taxímetros alterados y choferes mal vestidos, de mal humor y peor conducción al volante, son la carta de presentación que hoy quieren equiparar con un servicio moderno, eficaz, seguro y confiable como lo son las compañías con aplicaciones tecnológicas.

Circula en redes sociales un video en el que un hombre baja de un taxi a las 4 de la tarde en plena avenida Barragán y en menos de 20 segundos se roba la llanta de refacción de un vehículo estacionado, vuelve a abordar el taxi que lo aguarda y huye de la escena. En el video se alcanza a apreciar claramente la placa trasera del coche de alquiler, por lo que se supone que sería cuestión de horas la detención de uno de los responsables, pero eso hasta ahora no ha sucedido.

Hacen falta más que declaraciones rimbombantes y sicodélicas como las que acostumbran hacer los “encargados” del área para resolver el problema de los taxis y hacen falta mucho más que promesas y buenas intenciones de la autoridad encargada de la seguridad para arreglar las cosas. De hecho todo se arregla con una sola palabra: Voluntad.

Ya es hora que metan en cintura a los taxistas, que puedan saber quiénes conducen las unidades todo el tiempo y que los propietarios y las centrales obreras que los representan se preocupen por cambiar las cosas; ya es hora que los funcionarios de seguridad empiecen a dar resultados y encuentren una dinámica que permita disuadir a los maleantes de emplear taxis para cometer sus fechorías.

Tendrá que imponerse la voluntad del gobernador para llamar a cuentas a sus subordinados y exigirles resultados para que la ciudadanía empiece a percibir un cambio.

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