Muchos analistas aún no saben leer al presidente Andrés Manuel López Obrador, un personaje que le gusta debatir y, hay que aclararlo, respetuoso, como aquella famosa charla con Diego Fernández. Como presidente, Andrés Manuel respeta las críticas, el disenso, pero tampoco se queda callado, está en su derecho de réplica. El neoliberalismo empezó con el “ni los veo ni los oigo” de Carlos Salinas de Gortari y terminó con el “nada les embona” de Enrique Peña Nieto.

En su mañanera, López Obrador citó al escritor Enrique Krauze, quien lo bautizó como mesías tropical, con una frase de dominio público: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. El opositor Andrés Manuel es el mismo personaje que el actual presidente, uno y lo mismo. Por eso prolongó, respetuosamente, a Enrique con dos ideas. Primera, que el poder atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos. Y, segunda, para no levitar, para mantener los pies sobre la tierra, el poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás.

Los críticos de Andrés Manuel, como el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, mantienen temores infundados hacia el presidente:

“No podemos aceptar que el país sea la visión y voz de un solo hombre, ha sido así en épocas pasadas y repetiríamos errores en ese sentido”. 

Los críticos de López Obrador tienen un problema de óptica. Andrés Manuel tiene más de caudillo que de mesías tropical, y es popular, no populista en el sentido de Luis Echeverría, por ejemplo. Es lo que no se entiende, la Cuarta Transformación no es un regreso al populismo, es lo que Gabriel Zaid ha pedido durante décadas: el fin de la corrupción.

Por eso Andrés Manuel señaló hoy que los traficantes de influencias no se le han acercado, porque los denunciaría públicamente en su tribuna mañanera. El país no es la visión de un solo hombre, el México plural ya no tiene reversa. Sí existe el pensamiento único neoliberal donde la libertades tan elogiadas se reducían a la libertad de mercado, no personal, no las libertades y derechos sociales.

Durante décadas han calificado y descalificado a López Obrador con dureza y hasta con rudeza. La polarización no viene de la presidencia, viene de grupos desplazados por el voto de julio pasado. Algunos se escandalizan por palabras como conservadores, ridículos, ternuritas, fifís. Yo no las considero duras, es más, hasta me parecen cursis. Sí, Andrés Manuel a veces se pasa de cursi.

@ruizjosejaime