Por José Jaime Ruiz

El periodista Ricardo Rocha se paró a la mitad del foro mañanero a mostrar, con todo respeto, su indignación. Voz casi quebrada, ojos empañados, Ricardo alzó sus cuestionamientos por la lista de los 36 periodistas y su inclusión en ella. Recordó su cercanía con el ahora presidente Andrés Manuel López Obrador. Innecesarias las alusiones personales, la cercanía, el segundo nombre de su nieto, Andrés, a causa del político tabasqueño. También difusa la invitación a Andrés Manuel a echarse un café en, se supone, su modesto departamento, lo cual probaría su modo de vivir austero.

Ricardo hizo bien en plantarse en la mañanera. Muchos de los incluidos en la lista se han deslindado de cochupos, chayotes, información a modo. La mejor disculpa que puede dar Andrés Manuel, se supone que se la entregarán al INAI hoy mismo, es da a conocer la otra lista, el 97 por ciento de los 10 mil millones de pesos gastados por el gobierno de Enrique Peña Nieto en casas editoriales y periodistas.

No hay vuelta de hoja en un gobierno que se pretende transparente y apegado a la rendición de cuentas. El gran error de Reforma no es haber difundido la famosa lista, es no haber publicado lo que los periódicos de Alejandro Junco recibieron de publicidad oficial. La verdadera crítica, escribió Octavio Paz, empieza por ser una autocrítica o lo que es lo mismo, la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio o, lo que es lo mismo, candil de la calle, oscuridad de la casa. El mayor acto de ética, el mayor acto deontológico de Reforma, sería haberse incluido. No lo hizo.

Citando en su mañanera de hoy, sin decir su nombre, a Daniel Cosío Villegas, el presidente afirmó, de alguna manera, que había que hacer verdaderamente pública la vida pública. Dice bien. Los funcionarios de Comunicación Social se equivocaron. En vez de desanudar, enredaron. Así lo provocó Jesús Ramírez Cuevas. Su función, como lo indica la dependencia, es la comunicación, no el ruido; son los vasos comunicantes, no los vasos rotos; es la articulación, no la desarticulación.

Es plausible que se dé la transparencia total de la publicidad, hacia dónde fueron los montos. Ahora se requiere de criterios, cómo asignar recursos, a quiénes y por qué. El periodismo es para criticar, desnudar lo que el poder oculta, decía Julio Scherer. El cambio verdadero es alentar la crítica y olvidarse de ese “periodismo de Estado” del antiguo régimen. No pago para que me peguen, frase deslustrada de un expresidente de cuyo nombre no quiero acordarme. Pues no, también hay que pagar para que el periodismo investigue, critique, dé un “descontón” a lo que funciona mal en los gobiernos, verdadera función social de los medios.

@ruizjosejaime

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