Por José Jaime Ruiz.

La improvisación del equipo de gobierno de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador es supina. ¿Qué le aprendió Marcelo Ebrard a su mentor Manuel Camacho? Mucho en política, poco en reflejos. Hace semanas, en el documental de Diego Enrique Osorno, “1994”, reviví ese video donde el entonces subcomandante Marcos desplegaba la bandera mexicana y, a bote pronto, Camacho logró extenderla de una esquinita. Pues mal, el carnal Marcelo se tomó una selfie teniendo como fondo un anuncio de Huawei: qué wey… dadas las combativas circunstancias.

¿A qué fue Ebrard tan “temprano” al Potomac si no tendría interlocutores?

“Me preguntan porqué iniciar viernes : relevancia del asunto,preparación de argumentos y estrategia común de áreas del gobierno exigen trabajar intensamente. También hay que ver a aliados de México durante el fin de semana. Por eso salgo ahora.”

¿Y eso no podría prepararse mejor desde México? ¿Acaso no tenemos embajada que durante estos meses no haya visto a los “aliados”?

En fin, no tiene la culpa el indio afrancesado, sino el que lo hace compadre de su macuspanismo.

¿Qué le falta a nuestro gobierno en Washington? Cabildeo. Nuestra embajadora, Martha Elena Federica Bárcena Coqui, ha demostrado que no puede, o que sabotea a Marcelo y a Andrés Manuel. ¿Qué le hubiera costado hacer una llamada para diferir la visita del canciller hasta el martes y que Ebrard y López Obrador prepararan la estrategia de los encuentros desde México?

Willard Hotel y el cabildeo

Hace poco José Natividad González Parás, exgobernador de Nuevo León, me recordaba la historia del cabildeo, ese cabildeo ausente del gobierno de Andrés Manuel en la Casa Blanca y en el Congreso de los Estados Unidos. En este sábado divertido, me puse a buscar en Internet.

“El lobbying en los EEUU tiene como objetivo convencer al Senado, a la Cámara de los Representantes y al poder legislativo de los estados. Los lobbystas representan también los intereses de sus clientes o de organizaciones que tratan con federales, estados, sucursales del poder ejecutivo o de la corte. Además los grupos de lobby pueden escribir proyectos legislativos o leyes para los oficiales disciplinarios de los partidos. La actividad de lobby, tanto para individuos como para grupos y corporaciones, está protegida por el derecho a la petición en la primera enmienda de la Constitución de EEUU. Los lobbystas tratan con los parlamentarios para explicarles las metas de las organizaciones que representan.

“Existe una creencia persistente sobre esta tradición que comenzó entre el 1868 y el 1877, durante la administración de Ulysses S. Grant. Como su mujer no lo dejaba fumar en la Casa Blanca, Grant disfrutaba de sus puros en los patios (en inglés lobbies) del cercano Willard Hotel. Los políticos y los que buscaban favores políticos, como lo veían a menudo por ahí, aprovecharon este momento de tranquilidad para encontrarse con él ya que estaba más bien dispuesto. Aunque hay que señalar que antes de esta anécdota este término ya se utilizaba en el Reino Unido.

“Los históricos del Congreso afirman que en esas dos décadas rara vez los legisladores hacían lobbying. Los oficiales, una vez elegidos, consideraban esa actividad indigna y  una mala influencia. Además las compañías de lobbying no veían bien contratar a ex-miembros del Congreso porque los consideraban poco activos para su actividad y porque no estaban dispuestos a pedir favores a ex-colegas.”

No prolongo este artículo sobre la “Foreign Agents Regulation Act” que, creo, la desconocen Andrés Manuel y Marcelo quien, en estos momentos, ha de estar más estático que el Lincoln en su monumento.

@ruizjosejaime

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