Por Félix Cortés Camarillo.

Sueño,

con el pasado que añoro,

el tiempo viejo que lloro

y que nunca volverá.

Alfredo Le Pera/Carlos Gardel, Cuesta Abajo

Yo me equivoqué en el vaticinio de que la administración morenista en México comenzaría a ver su ocaso a partir de su sexto mes, cuando pasara el embrujo de los programas caritativos hacia los “ninis”, los estudiantes y los viejitos, cristalizara el despido de miles de empleados de gobierno y no, a consecuencia de los recortes presupuestales necesarios para la compra de votos.

Ahora está comenzando la debacle. No contaba yo con la vigorosa intervención de Donald Trump poniendo en práctica los consejos de su libro sobre estrategia de negociación: pega y luego concede.

De que Trump nos ha golpeado a discreción es obvio. De que poco ha concedido y que las concesiones han estado del lado nuestro, no queda duda. El último ejemplo son los aranceles y el vergonzoso acuerdo migratorio del cual no conocemos todos los detalles.

En noventa días estaremos llorando como mujer lo que no supimos defender como hombres, según dicen le dijo Aixa a su hijo Boabdil, perdedor de Granada y en consecuencia, perdedor de la ocupación árabe de España.

PILÓN.- Ayer, el presidente Andrés Manuel, a diferencia de lo cotidiano, me regaló en su conferencia de prensa matutina un momento de gracejo. Me recordó una anécdota de quien fuera por treinta años mi amigo y jefe, Emilio Azcárraga Milmo.

En una charla de cantina de varios ejecutivos de la empresa, que normalmente es en las charlas de cantina en las que se dicen las mayores estupideces, alguien aventuró a la mesa: los cocodrilos vuelan.

No faltó quien preguntara ¿quién dijo esa pendejada? La respuesta fue muy simple: Emilio.

El rebote fue mejor: bueno, sí vuelan, desde luego; pero muy bajito.

En la mañanera de ayer, el presidente López, preguntado directamente de cómo vamos a pagar el compromiso de alojar a decenas de miles de migrantes que esperarán en nuestro territorio su trámite para irse al otro lado, su respuesta fue tan contundente como falsa: tenemos dinero para ello. Luego vino la explicación. Cuando se venda el avión que ni Obama tiene y que NO es propiedad del gobierno de México aún, se podrá alojar, alimentar, educar y curar si es necesario a los santos peregrinos.

Pero luego vino la joya de la corona y cito textualmente al presidente López: donde come uno, come un millón.

Recordando lo de los cocodrilos, yo tendría que decir, sí es cierto, donde come uno, come un millón, pero como decía una tía cuando tenía invitados a comer: ¿te sirvo poquito, o menos?

felixcortescama@gmail.com

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