Por Félix Cortés Camarillo.

…un trato hicimos tú y yo

y dame luego luego

del hombre el fuego

para ser como tú…

Cañaveral, Quiero ser como tú, de la película El libro de la Selva.

Durante los últimos veinte años hemos visto como nuestro país se transforma, para el asunto del narcotráfico, de ser lugar de tráfico a centro de consumo. Ya no solamente se produce mariguana y goma del bulbo de la amapola para el deleite de los consumidores gringos y el negocio de los traficantes y distribuidores de los dos países: nuestros jóvenes comenzaron a fumar la yerbita encantadora y a inhalar el polvo seductor hasta constituirse en un problema social que trae consigo cadenas de delincuencia violenta y una profunda descomposición social.

Acaba de terminar en Nueva York el escandaloso juicio del no menos notable símbolo del narcotráfico mexicano, Joaquín “El Chapo” Guzmán. La administración actual, preocupada en sus programas de limosna muy publicitada que es una forma moderna de comprar votos a futuro en lugar de hacerlo con reparto de despensas y frijol con gorgojo, por citar un lugar común.

A López Obrador no parece preocuparle el gran número de jóvenes que –carenes como están de oportunidades de trabajo y estudio- ven en su reclutamiento con el narco y su industria la facilidad del dinero en abundancia, las mujeres atractivas y las joyas y los vehículos chulos de bonitos, como lo demuestran los muestrarios de las ventas de garaje que organiza el gobierno mexicano.

Yo quiero ser como tú, le dice a Mowghli, el niño del Libro de la Selva, pidiéndole que le dé el fuego, para ser como el hombre. Los jóvenes mexicanos quieren el fuego de las armas para hacerse del dinero y los placeres mundanos.

Con timidez hay pronunciamientos en contra de las series de televisión que idealizan a los bandidos y su riqueza. No es con el programa de jóvenes construyendo el futuro como se alejarán de las drogas.

Véase si no el muestrario de prendas de vestir que la hija del Chapo Guzmán acaba de lanzar, en búsqueda de franquiciatarios que quieren llevar su evangelio por toda la Nación. Camisas, cinturones, sombreros, hebillas, todo en el estilo de vestir del famoso delincuente, desde ayer sentenciado a cadena perpetua y encima 30 años y luego 20 años más de cárcel.

Pronto veremos esas prendas por las calles.

PILÓN.- Las noticias de éxitos importantes de los representantes mexicanos en disciplinas deportivas de escasa difusión mediática, alternan con los frecuentes anuncios de nuevos golpes burocráticos a las instituciones encargadas de apoyar a los deportistas mexicanos de alto rendimiento.

El último cordero pascual sacrificado sin tanto ceremonial en este rito macabro es el Centro Olímpico Mexicano, en donde los deportistas que nos representan en los juegos que cada cuatro años recuerdan las olimpiadas griegas. El COM, o lo que queda de él, pasará a manos de la CODEME, de triste fama desde que estuvo en manos del licenciado Castillo, compañero de parrandas del expresidente Peña Nieto, y durante todo su sexenio comodín para todas las situaciones de conflicto, fuesen la violencia en Michoacán y sus guardias armadas o cualquier otra labor importante. Hoy la Conade está en las torpes manos, que no hábiles pies, de Ana Guevara.

El afán cuentachiles de la administración, que no duda en dedicar trescientos millones de pesos para el fomento del beisbol simplemente porque es el deporte favorito del presidente ha ido eliminando los apoyos al concepto imprescindible de que el deporte sea parte del desarrollo integral de los mexicanos, físico, mental y social.

Todos los dignos representantes olímpicos que han traído medallas de diferentes plazas gracias a su esfuerzo deben estar frustrados por la cuarta república.

felixcortescama@gmail.com

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