Por Félix Cortés Camarillo.

La popularidad de las disciplinas deportivas híbridas inventadas por los norteamericanos como el beisbol y el que nombramos futbol americano para diferenciarlo del futbol puro, el que se juega con los pies y la cabeza, se debe fundamentalmente a que su práctica y registro depende en gran monto, de la estadística. Un país que surge con el capital y los valores de bolsa tiene que rendir tributo a la ciencia numeraria y aficionarse a todo aquello que se pueda expresar en promedio de bateo o yardas avanzadas cada primero y diez, a diferencia de los deportes originales que llegaron de Gran Bretaña, el cricket y el rugby.

Lo menos importante del desarrollo de los juegos panamericanos de la bellísima Lima no es que hasta ayer los deportistas mexicanos encabezaran la lista del medallero panamericano, con cinco de oro, tres de plata y siete de bronce, superando a sus tradicionales rivales panamericanos en el deporte, Cuba y los Estados Unidos. Como era de esperarse, las medallas de oro han sido conseguidas en las disciplinas menos favorecidas por las autoridades de nuestro país. Taekwondo, pentatlón, triatlón o levantamiento de pesas nunca han estado en la lista de preferencias de los presidentes de México, que es lo que determina dónde deben estar nuestras porras. Mucho menos en esta administración.

Independientemente de cuál sea el resultado final de Lima, en esta estadística se esconde otra cosa.

Mencioné a Cuba y los Estados Unidos como los tradicionales adversarios en el medallero panamericano. Es muy fácil de explicar el éxito de esos dos países. Ubicados en las antípodas del universo político, los gobernantes de los dos países han comprendido permanentemente el peso que los éxitos en el deporte tienen en la propaganda de la eficiencia de sus sistemas políticos. Por ello, imitando el modelo que dejó en Europa la República Democrática Alemana, el gobierno cubano dedica todos los fondos que puede a apoyar al surgimiento y desarrollo de sus deportistas, que, por decreto, son amateurs, para que triunfen en las lides internacionales. Estados Unidos hace lo mismo, al través de la NCAA, National Collegiate Athletic Association que es la asociación de atletas-estudiantes, beneficiados por becas de todas las universidades del país para que lo representen con dignidad.

Para los jóvenes atletas mexicanos no hay tal patrocinio ni interés. Con frecuencia cada vez mayor los mismos muchachos y muchachas tienen que botear para ir a competir y lograr que el mexicanos al grito de guerra se escuche en otros países. La Codeme, que se supone está para apoyar a los deportistas se sigue manejando como una posición política y regatea los centavitos de los jóvenes representantes nuestros.

Desde luego, si jugaran beisbol…

PILÓN.- La carta compromiso del presidente López de que no buscará la reelección a su cargo es triplemente sospechosa; primero porque ha sido enarbolada como una divisa política legitimadora. Supuestamente don Andrés Manuel no necesita de esa credencial, dada su aceptación popular. Segundo porque repitió el viejo numerito del mago de mi pueblo: ahora la ves, ahora no la ves. Se exhibió y se firmó en transmisión televisada de las conferencias de prensa mañaneras del presidente, pero luego la Presidencia dijo no saber dónde estaba el tal documento.

Tan estuvieron jodiendo los medios que no se portan bien, que la semana pasada la dichosa carta fue nuevamente firmada, en el mismo lugar y con la misma gente, pero esta vez ante un notario público que ni siquiera cobró por sus servicios.

Tercero, porque es totalmente innecesaria. Cuando todos los funcionarios de este país, y esto específica y constitucionalmente incluye al presidente de la República, toman posesión de sus cargos, protestan cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de México y las leyes que de ella emanen. El artículo 83 del capítulo III de la Constitución reza así: “El Presidente de la República entrará a ejercer su cargo el 1º. de Octubre y durará en él 6 años. El ciudadano que haya desempeñado el cargo de Presidente de la República, electo popularmente o con el carácter de interino o sustituto o asuma provisionalmente la titularidad del Ejecutivo Federal, en ningún caso y por ningún motivo podrá volver a desempeñar ese puesto”. ¿Para qué tanto brinco si la Carta Magna deja el suelo tan parejo?

Claro, eso dice la Constitución. Pero también dice antes, en el artículo 39 del capítulo primero del título segundo, que el poder reside en el pueblo y que el pueblo puede en cualquier momento cambiar la forma de su gobierno. En esta época de decisiones a mano alzada por el pueblo sabio, se puede interpretar como se quiera.

felixcortescama@gmail.com

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