Por Eloy Garza González.

La vida es más compleja de lo que uno se imagina. Simplificamos para comprender. De otra manera, sería imposible soportar un hecho tan sangriento. El asesino múltiple de El Paso, Texas, no es un supremacista blanco a secas. Esta simplificación sólo nos ayuda a asimilar el espanto. A atrapar lo esquivo. A darle sentido al sinsentido de matar a 22 personas.

Para Patrick Crusius, un muchacho veinteañero de Allen, Texas, la culpa del próximo Apocalipsis no son sólo las personas de origen mexicano. Para este chico retraído y solitario, un perdedor nato, los culpables son también las grandes corporaciones, los enemigos del ecologismo que derriten el Ártico, los tecnólogos que automatizan el trabajo y acaban con los empleos, el neoliberalismo.

¿Quién incubó esas ideas criminales en el cerebro de Crusius? No, no fue el discurso nacionalista de Donald Trump, no fue el Ku Klux Klan ni la ultra derecha; no fue Facebook con sus páginas supremacistas, ni el anime, ni los videojuegos, ni Instagram, ni el desempleo, ni siquiera la venta legal de armas de grueso calibre (la mayoría de quienes me leen tienen en su casa, por protección, una revolver calibre .22 con el que seguramente no matarán a nadie a lo largo de su vida).

¿Qué fue entonces lo que inspiró a Crusius a cometer su asesinato masivo? Para simplificar, o por comodidad mental, o por tranquilizar a nuestra alma aterrorizada, digamos que fue únicamente Trump, las redes sociales o Netflix. En realidad el Mal es un misterio, un pozo de delirios que nadie puede resumir en una palabra, ni en dos, ni en tres. Leamos lo que escribió este muchacho desequilibrado en redes sociales: «Mi ideología no ha cambiado en varios años. Mis opiniones sobre automatización, inmigración y el resto son anteriores a Trump y su campaña presidencial. Pongo esto aquí porque algunas personas culparán al presidente o a ciertos candidatos presidenciales por el ataque. Este no es el caso. Sé que los medios, de todos modos, me llamarán supremacista blanco y culparán a la retórica de Trump. Los medios son infames por las noticias falsas. Su reacción a este ataque probablemente lo confirme».

Para acercarnos al misterio del Mal, están las novelas de Faulkner, las narraciones de Cormac McCarthy. O el inagotable Shakespeare. Un homicida es una caja negra que resguarda motivaciones recónditas. O que no resguarda nada, y cualquier idea absurda, repito, cualquiera, lo llevará a empuñar un AK-47, así sea Alá, la supremacía racial, la militancia ecológica, el feminismo, los videojuegos Fortnite y Free Fire, o el amor irrefrenable por Jodie Foster en Taxi Driver. Pero en realidad, adentro de la cabeza de un asesino múltiple, no hay nada, más que pretextos; o hay de todo, menos cordura. El Mal no está en el arma, sino en el dedo que jala el gatillo.

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@eloygarza

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