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Por José Jaime Ruiz.

“Me gustaría que quienes sostienen que estoy enfermo hicieran la jornada que hice el pasado fin de semana, de visitar en tres días cuatro estados”. Andrés Manuel López Obrador

En su artículo de hoy en El Financiero, el periodista Raymundo Riva Palacio asegura que existe un desgaste presidencial: “Quienes observaron al presidente Andrés Manuel López Obrador durante su conferencia de prensa el lunes desde Valle de Bravo, pudieron haber apreciado a una persona que se veía desaliñada, con ojeras notorias y un rostro de fatiga. Se podría entender porque sus horas de sueño, para las cuales es muy disciplinado, se alteraron por la matanza de mexicanos en El Paso”.

Quienes observamos a López Obrador en la mañanera de este martes, vimos a un presidente aseado, limpio –casi emperejilado. Ni ojeras notorias ni rostro fatigado. ¿Se alteraron las horas de sueño del presidente por la matanza de El Paso? Eso no lo sabe ni Raymundo ni yo. Lo cierto es que si ayer hubo desaliño, hoy no. La excepción no hace la regla.

¿Se cansó Andrés Manuel?

No lo creo, su ritmo de trabajo no ha bajado y, en este caso, el canciller Marcelo Ebrard ha significado un gran apoyo para López Obrador. Descansa mucho en él, “me ayuda muchísimo”.

Riva Palacio, a partir de la encuesta publicada por El Financiero el lunes, colige: “El Presidente mantiene altos niveles en sus principales atributos, honestidad (58 por ciento de aprobación, contra 24 por ciento de desacuerdo) y liderazgo (53 por ciento de aprobación, contra 32 por ciento de desacuerdo), pero al revisar los resultados en el manejo de los temas, cabe la interpretación de que el discurso del Presidente de que todo lo malo que existe es culpa del pasado, está perdiendo efectividad. Los mexicanos empiezan a no creerle, y a cuestionarlo sobre promesas incumplidas; como muestra, la mala calificación en el rubro de la corrupción. No le ayudaron para mejorar esa percepción, según refleja la encuesta, los procesos contra la exsecretaria de Estado, Rosario Robles, el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, y el abogado de las élites, Juan Collado”.

El 18 de junio escribí: “Hay una especie de desencanto por la política social, sobre todo en la salud y medicamentos; por la política migratoria que ya dividió a los mexicanos, sobre todo por la intromisión del presidente Donald Trump; también por provocar la impunidad al encubrir a los expresidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

“(…) Hay un creciente número de desencantados de izquierda, los de derecha sólo profundizan su desencanto. Pero también existe otra población de clase media y media alta que empiezan a dudar de Andrés Manuel… Hablar cada día de cómo se manejaba el gobierno corrupto, sin llevar a cabo ningún castigo, decepciona”.

Las mañaneras no bastan para solucionar el problema de percepción de este gobierno, tampoco centralizar la comunicación social en la campaña “Juntos por la Paz”. Hay que diversificar y algunas secretarías, como Hacienda-SAT y Salud, hasta Pemex, debieran tener campañas de comunicación –no se diga la Lotería Nacional.

No basta con tratar de imponer agenda-settig con las mañaneras cuando las mañaneras se pueden convertir en bateo, sí, pero los pitchers (Reforma, por ejemplo) no se cansan de seguir en el montículo. En Palacio Nacional no han entendido que, a la par de la comunicación social (el derecho de los ciudadanos a estar informados) existe también, aunque disguste ideológicamente, el marketing gubernamental, es decir, la persuasión.

En fin, ¿está desgastado Andrés Manuel López Obrador como ser humano? No. ¿Pueden mejorar la percepción de su gobierno? Si y sólo si admiten cambios, apertura, diversidad en la comunicación.

@ruizjosejaime

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Autor: lostubos
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