Por José Jaime Ruiz.

Eres desesperanza, triste estatua/ de polvo nada más… // Efraín Huerta

sólo un cretino de nacimiento/ se arrodilla a venerar una estatua/ francamente no sé qué decirles // Nicanor Parra

Los falomedia siguen centrándose en dos hechos: las pintas al Ángel de la Independencia y el golpe propinado por un hombre, no por ninguna de las participantes en la manifestación, a un reportero. De veras, ¿esas son las notas?

A la prensa mexicana debería darle vergüenza por su cobertura y por sus encabezados. ¿Cómo abordó la marcha la prensa internacional? Desde el enfoque correcto, no el amarillista. Atención a la protesta contra violaciones y feminicidios y no las pintas al Ángel o el reportero golpeado.

BBC: “Mexico teen rape cases: Women protest against police violence”

NYT: “Women in Mexico City Protest Against Alleged Police Rapes”

Le Figaro: “Au Mexique, des milliers de femmes descendent dans la rue après des accusations de viols contre des policiers”

El País: “Cientos de mujeres gritan su hartazgo ante una serie de denuncias por violación en México”

The Sun: “Riots as Mexico City protesters march against alleged police rape, violence against women”

Uno de los mayores goces que he tenido de la vida pública del país son las pintas, los grafitis en el Ángel de la Independencia. Esa rebeldía simbólica, sin violencia, no puede llamarse acto vandálico. Es otra cosa: la emancipación de las mujeres frente al mayor monumento fálico del país.

Obeliscos y columnas, desde Egipto y Grecia, representan no sólo la autoridad, también el autoritarismo. En América, por ejemplo, destacan el Obelisco dedicado a George en Washington, D.C., el Obelisco (la mayúscula autoritaria se impone) de Buenos Aires y la Columna de la Independencia (el Ángel, pues) en el Paseo de la Reforma.

La Columna de la Independencia fue la última (auto) celebración escultórica de Porfirio Díaz (aunque no pudo deslindarse de Juárez, por eso el hemiciclo). No es una columna de celebración por independizarnos, es parte del ego falocrático del dictador. Fue también el símbolo de su decadencia y, con el tiempo, se convirtió en el lugar de dos celebraciones de derecha: el Grito de Independencia (con sus reuniones fifís, sobre todo panistas) y las celebraciones de los triunfos de la selección mexicana de futbol que, dicho sea de paso, no representa a los ciudadanos sino a sus patrocinadores.

No es casual que el Paseo de la Reforma no haya sido ganado para la celebración de la Reforma de Juárez sino para los poderes fácticos, financieros y empresariales. No es casual que bajo la mirada del Ángel se encuentre, a unos metros, la embajada de los Estados Unidos, más allá la Bolsa Mexicana de Valores, los grandes bancos y el embaucamiento oficial de la esperanza, la Lotería Nacional (“¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?”).

Del Ángel salen las marchas, sí, pero no salen hacia Chapultepec, Polanco, Las Lomas y Santa Fe (y su pretensión cosmopolita en el nombre de sus calles de escritores y sierras y montes), salen al corazón cívico de la ciudad, un centro histórico que en el nombre de sus calles se vuelve latinoamericano. El Zócalo es la antítesis de la Columna de la Independencia.

Neoporfiristas, las autoridades de la CDMX, que han dejado de ser de izquierda, se rasgan las vestiduras por los daños al Ángel; neoporfiristas, los medios de comunicación, que nunca han sido de izquierda, se rasgan las vestiduras por los daños al Ángel y por el reportero golpeado por otro hombre.

La Procuraduría capitalina abrió una investigación por los daños al mancillado Ángel, la especialista Norma García, restauradora, lamenta lo sucedido, pero señala que existen métodos para retirar la pintura sin dañar la estructura.

Las preocupaciones de las autoridades y medios por el estado de salud del Ángel y del reportero son importantísimas, centrales, ineludibles: hay qué encontrar a las mujeres vandálicas y someterlas a la ley…

Ah, por cierto, acaban de capturar en la colonia Cuautlixco, entre Cuernavaca y Cuautla, a José Alfredo “N”, sospechoso del abuso sexual y asesinato de una niña de seis años.

–¿Por qué la mataste? –le preguntaron los agentes.

–Me reconoció, y por eso la maté.

Al Ángel de la Decadencia le podrán retirar las pintas sin dañarlo y gozará de buena salud. A la niña de Morelos ya es imposible retirarle el semen, el abuso, la violación. ¿Quién la restaurará? ¿Quién le devolverá la vida?

@ruizjosejaime

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