Por Félix Cortés Camarillo.

Cuando pensábamos, cortando rábanos, que ya los personeros importantes de la Cuarta Simulación habían llegado a la cúspide de su imbecilidad, con el llamado del diputado petista Oscar González Sánchez, expresando que “si nosotros no regulamos a los medios de comunicación, se van a convertir en el instrumento fundamental de la derecha en el 21 y el 24”, resulta que nos habíamos quedado cortos.

No sería la primera vez en la historia de México, ni seríamos el primer país en que la libertad fuese restringida, acotada, suprimida o perseguida. Incluso con la muerte o con la amputación lingual. Y no se trata de una sugerencia.

Después de todo, aunque el diputado González Sánchez sea, aunque él no lo sepa, vocero de la más recalcitrante y estúpida derecha, su planteamiento no tiene futuro y así lo dejó ver de soslayo el presidente López en su homilía matutina. Por lo menos, yo eso espero.

Pero de pronto, uno de los gobernadores más importantes del pacto federal, la señora Claudia Scheinbaum Pardo, que gobierna nada menos la capital del país, echó su cuarto a espadas en un asunto mucho más importante que el de la libertad de prensa, que finalmente es un asunto circunstancial: las libertades no se otorgan, se conquistan.

A propósito del programa de becas a los escolapios de primaria, sustituyendo al que ya existía de estímulos a los alumnos que obtienen altas calificaciones, la señora mandona se lanzó fuerte. Hasta ahora me entero -mi edad es provecta y mis hijos muy grandecitos- gracias a mi colega Pascal Beltrán del Río, de Excélsior, que en el programa Niños Talento, el gobierno le daba a los muchachos y muchachas que llegaran a un promedio de calificación de 9 y 10, un estímulo en monetario de 330 pesos al mes. Cualquier baba de perico.

Como todo cambia para que todo siga igual, como dice el clásico lombardo, la gobernadora de nuestra capital anunció que el programa Niños Talento desaparece, y es sustituido por un programa que se intitula Mi Beca para Empezar. Se seguirá entregando 330 del águila a los estudiantes que tengan entre 6 y 15 años. La única diferencia entre un programa y otro es que se les va a dar lana a todos, sin importar sus calificaciones.

El argumento de la gobernante, leo de Pascal Beltrán del Río, es que dar apoyos a los aplicados, a los estudiosos, a los que no se van “de perra” – si esto todavía se practica, a los que dedican mayor esfuerzo, a los que chambean, vaya, “promueve desigualdades”.

Aquí es donde la puerca tuerce el rabo. Por dos razones, además del cuento aquel de que todos somos iguales y que sólo es verdad en los textos religiosos y políticos que suelen ser los mimsos..

Razón primera. La doctora Scheinbaum -comparada con el diputado González Sánchez- es un peso pesado. No solamente por la específica importancia y consecuencia de su puesto, de suyo grave. La cercanía afectiva de ella con el gran Tlatoani de una Morena que se empeña en desintegrarse es obvia. Si alguien ya olvidó el acto en el Zócalo ratificando la prepotencia de López Obrador, acudan a la fototeca. Sobre el escenario había dos sillas mientras el presidente hablaba. En una estaba la esposa del presidente; en la otra, Claudia Scheinbaum.A la lista de posibles presidenciables –“los tapados” de antes- ya Marcelo Ebrard no estaba solo.

Razón segunda: El planteamiento de Scheinbaum que coincide con la línea ideológica de López Obrador, es aterrador. El presidente López invoca la austeridad republicana y la medianía como eje de su gobierno. Yo, que no soy parte del gobierno, ni lo quiero ser, digo, en el lenguaje del presidente: Zafo. A mí no me gusta ser pobre, ya tuve la experiencia.

Lo de la austeridad es para su gobierno. Bien por él.

Pero esa doctrina no puede traducir austeridad republicana como ayuno franciscano y medianía como mediocridad.

Así lo queramos o no, desde hace por lo menos cuatro siglos todos hemos sido educados en la cultura de la superación, que quiere decir, en cualquier cultura, el esfuerzo individual, el trabajo, la honestidad, la lealtad y la eficiencia. La inteligencia, el estudio y los resultados.

Si no hay todo esto junto, no debe haber recompensa.

felixcortescama@gmail.com

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