Por Félix Cortés Camarillo.

Siempre que te pregunto

que cuándo, cómo y dónde,

tu siempre me respondes…

Osvaldo Farrés, Quizás, quizás, quizás.

La otra mañana, muy en su estilo, el presidente López hizo una agresiva crítica, aunque oblicua, a un secretario de Hacienda del pasado sin mencionar su nombre. Era obvio que se refería al doctor Agustín Carstens, quien ahora disfruta de los estipendios de organismos mundiales muy lejos de la pobreza franciscana que ahora es moda en nuestro país; presumiblemente goza también de los paisajes del lago Cuomo. Don Agustín es director del Banco de Pagos Internacionales asentado en Suiza.

Se le olvidó a Andrés Manuel hacer referencia al histórico “catarrito” que las neumonías en la economía de los Estados Unidos causan a la nuestra, como dijo el doctor Carstens en su momento.

Mencionar la obesidad del doctor Carstens sería de muy mal gusto para juzgar su desempeño como financiero del país; es inevitable, sin embargo, la referencia a la escuálida presencia del secretario de Hacienda, Arturo Herrera, al defender los conceptos del programa de ingresos y del presupuesto de egresos de nuestra lana.

La teoría sicológica dice que la personalidad –esto es, los rasgos individuales que nos distinguen de los demás– se proyecta siempre en las acciones de sus protagonistas.

Mi abuela lo decía de una forma más lapidaria: todas las cosas se parecen a su dueño.

En estricta justicia debe reconocerse que, en el esquema gubernamental mexicano, donde no hay primer ministro, los ministros son por definición sirvientes, gatos, del presidente. Por no entender o no aceptar ese principio se fueron a mejor casa el director del IMSS y el antecesor del señor Herrera

De esta suerte, el presupuesto mexicano del año que viene refleja la política del invento del presidente López, la cuarta república: pretender hacer más cuando tenemos menos. En una economía familiar ello equivaldría a echar a la esposa a la calle. O simplemente un divorcio.

Eludiendo las cifras millonarias, los ingresos del Estado mexicano seguirán el mismo patrón de los decenios previos. Su base de ingresos es una recaudación deficiente y corrupta, el oscilante precio del petróleo –que se va a acabar– en el mundo, y las remesas de los paisanos que trabajan en el gabacho.

El presupuesto de egresos tiene otro modelo: hay que repartir dinero a manos llenas, que es una forma de comprar votos a futuro repartiendo frijol sin gorgojos, de manera especial a los mexicanos menos productivos: los viejos como yo, los que no estudian, los que no trabajan.

Si todo esto es cierto, que lo es, ¿de dónde va a salir el dinero para concretar todos los sueños que les vendió a sus votantes el presidente? Sobre todo si mantiene su absurda promesa de no aumentar impuestos ni crear nuevos. Lo cual no es del todo cierto, porque a las ganancias de capital ya les dieron un mordisco. Claro, siempre existe el escudo de “en términos reales”. Quizás, quizás, quizás.

Por eso, no le crean al precio de la gasolina.

Osvaldo Farrés, un joven habanero que miraba al pretendiente de su hermana aceptando un quizás como respuesta a su invite, compuso ahí mismo en el piano familiar que tocaba en las veladas de 1947 cuando no había televisión, eso de “estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando…

felixcortescama@gmail.com

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.