Por Félix Cortés Camarillo.

Los mexicanos bien nacidos debiéramos grabarnos la fecha de hoy para futuras ocasiones, como si la de ayer, el 23 de septiembre, no haya causado herida profunda a nuestra memoria colectiva, herida que en los últimos días fue arteramente reanimada desde el gobierno federal para nuestro escarnio.

Sí, en un futuro mediano nos va a dar vergüenza recordar el 24 de septiembre de 2019, que fue cuando causamos la mayor injuria reciente al futuro de nuestro país: a nuestros hijos. Cierto, será mañana miércoles cuando el pleno del Congreso apruebe las leyes secundarias a la reforma educativa, pero hoy el Senado con una innecesariamente aplastadora mayoría de Morena y asociados aprobará lo que le mandó la cámara de origen, la de diputados, sin cambiarle una coma. Y guay de ellos si intentan hacerlo. Los bien organizados batallones de la CNTE estarán en permanente sitio de vigilancia y advertencia en torno a la cámara de Senadores, para que no lo hagan. Si lo hicieren, a las consecuencias violentas se atendrían.

Por ningún motivo quisiera que estas letras fuesen o pareciesen ser apología de la mal llamada reforma educativa presurosamente aprobada en el sexenio pasado. Ni era reforma, ni era educativa. Se trató de cambios a los instrumentos legales con el único objetivo político de privar a los organismos sindicales del magisterio –el SNTE y la CNTE– del poder de decisión, de las herramientas de manejo de los procesos administrativos de la enseñanza, para retornárselos al poder central.

Por ningún lado en el documento impulsado por el delfín Aurelio Nuño con el patrocinio de su jefe Peña Nieto hubo preocupación alguna por la propedéutica, didáctica, metodología, programas de estudio, capacitación de maestros o planeación y modernización de la enseñanza. En ese movimiento político se trataba simplemente de decir, como en nuestra lejana infancia: “matanga dijo la changa”.

En eso hay identidad con lo que hoy los senadores aprobarán: es la misma gata, nada más que con un revuelco. Ahora, en la mal llamada reforma educativa, el que hizo “la burriona” fue la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, un instrumento de presión político que inventó la maestra Elba Esther para presionar al presidente en turno, prometiéndole –y cumpliéndole– poner en orden a la supuesta disidencia en un chasquido de los dedos.

A los aprendices de brujo, como suele suceder, se les fue el poder de las manos.

Mañana será una realidad constitucional que nuestros hijos y nietos queden condenados a le mediocridad en la enseñanza, a la laxitud de los procesos formativos, a la poca exigencia académica, al nulo rigor frente a la capacidad y rendimiento de los maestros, a la separación del poder fáctico del poder institucional.

Les juro que vamos a llorar; como padres y como país.

PILÓN.- En 1872 el francés Jules Verne publicó –por entregas– su novela “La Vuelta el Mundo en 80 Días”. Ese mismo año el empresario inglés Thomas Cook, inventor del turismo organizado, diseñó el primer viaje alrededor del mundo en el que participó él mismo. Su vieja duró 222 días

La idea de la novela de Verne es una apuesta en un club de Londres en el que el excéntrico Philleas Fogg dice que la guía de Cook está equivocada, que él puede hacer el periplo en 80 días. La novela es deliciosa, como es su final: Fogg y su criado Passepartout regresaron al club londinense en el día 81 de su viaje. Como habían viajado en contra de la rotación de la tierra, habían ahorrado un día. Fogg ganó la apuesta.

Thomas Cook, su empresa, perdió ayer su apuesta. No pudo cumplir con su deuda de mil setecientos millones de libras. Es como decirle adiós al Expreso de Oriente, otra de sus invenciones.

El turismo en el mundo ya no es el de Cook, que inventó también los travelers checks y otras monerías. Ahora existe el bed and breakfast, el cam-arena y otras modalidades. Las empresas aéreas andan en apuros.

Te hablan, Interjet.

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