Por Jorge Narváez.

La afición cada vez se ha vuelto más impaciente hacia sus directivos y tienen todo el derecho de ser así. Son ellos los que consumen sus productos, compran abonos, van o ven los partidos por televisión y es más que suficiente para llenar los bolsillos de los dueños.

Claro ejemplo fue la destitución de Diego Alonso, Pedro Caixinha, y la exigencia hacia los jugadores de poner casi hasta el alma en la cancha para sacar buenos resultados. La llegada del nuevo directivo genera una serie de movimientos para poder sobrellevar en los primeros dos partidos al equipo.

El caso de Rayados y la posible llegada de Matías Almeyda ha provocado que la afición esté ilusionada con que el argentino los pueda colocar en la zona de clasificación en muy corto tiempo. Muchos señalan que el vestidor de Rayados está roto y que Almeyda es un buen mediador para solucionar los problemas de egos en el equipo, pero para eso no sería contratado.

La función del director técnico es generar que sus alineaciones y lecturas del partido puedan dar resultados, no ser psicólogo para aumentar la autoestima de los jugadores. Claro en algún momento de la vida necesitamos una palmadita para sentirnos necesarios, pero no en exceso.

Almeyda sería contratado para levantar a todo el equipo en resultados y con eso se va a medir su rendimiento, no en cuántas palabras correctas aplica en los jugadores.

Para reparar un vestidor roto es mejor se contrate a un profesional de vida que pueda levantar o aterrizar a los jugadores y directivos, que buena falta les hace.

Fotografía: Archivo/ Mexport/ Oncediario

@SoyJorgeNarvaez

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