Por José Jaime Ruiz.

Desde la Presidencia de la República se quiere imponer la narrativa de 1) el operativo fallido y 2) lo importante fue evitar la masacre, salvar vidas humanas. En realidad, lo que se busca es exonerar al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien cometió el delito de liberar a Ovidio Guzmán López y Archivaldo Guzmán Salazar. En la piedra de sacrificios al interior de Palacio Nacional, el chivo expiatorio podría ser Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana.

Probablemente sólo a dos personas les haga caso Andrés Manuel. A Beatriz Gutiérrez Müller, su esposa, y a Julio Scherer Ibarra, jefe de la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal. La estrategia “legal” de Julio tiene como pieza fundamental el desconocimiento del operativo llevado a cabo en Culiacán. Dentro de esta lógica, si el presidente no sabía, pues es inocente. ¿Cuándo supo? Según sus propias palabras, cuando el operativo “ya estaba en marcha”.

A nuestro desinformado presidente nadie de su fallido gabinete de Seguridad le alertó, en su reunión de madrugada del jueves 17, que se iba a llevar a cabo este operativo. Nadie le informó –¿miente López Obrador?– que, en contra de la “estrategia” de seguridad que no desea, como antes en otros gobiernos, la “espectacularidad” de apresar y enjuiciar a los capos del narco, el operativo iba precisamente para aprehender a Ovidio y, de refilón, a Archivaldo.

Lo recuerda bien Alejandro Hope en su artículo de El Universal de hoy cuando publica las palabras dichas por López Obrador el 9 de agosto en Zacatecas refiriéndose a Enrique Peña Nieto: “No es cierto que el presidente no sabía, o que lo engañaron o fueron desleales sus colaboradores. El presidente tiene toda la información, claro que sabe todo”. Pues no, Andrés Manuel “no sabía” del operativo de Culiacán y, por tanto, no tiene “toda la información”. Las maromas declarativas que se tienen qué dar para salvar el pellejo jurídico de su investidura.

Lo peor, un presidente metaconstitucional que acomoda las leyes o los preceptos legales a su conveniencia. Primero dice: “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”. Y luego pisotea la Constitución en una de sus mañaneras: “por encima de las leyes está la vida humana”. ¿Tenemos un presidente constitucional o tenemos una Constitución presidencial?

¿Hacia dónde vamos? De nuevo hacia la Presidencia Imperial: “Al margen de la ley, la Presidencia; encima de la ley, Andrés Manuel”. Y su sobrevivencia política. Las malditas redes sociales ya lo bautizaron como el Comandante Sin Bolas pero, envalentonado, dice que acudirá a comparecer si así lo requieren las autoridades para argumentar por qué decidió cometer un delito al dejar libres a Ovidio y Archivaldo Guzmán.

Julio Scherer Ibarra no tendrá que trabajar horas extras para defender a su jefe. Más carnal que fiscal, Alejandro Gertz Manero ya exculpó, sin investigación de por medio, al presidente, a pesar de que confesó transgredir el artículo 150 del Código Penal Federal en lo que se refiere a evasión de detenidos:

“Involucrar al presidente de la República me parece, en mi opinión personal, algo absolutamente inaceptable… El presidente tiene la obligación, y lo ha hecho, de preservar las estructuras de Estado, de defender la tranquilidad y el equilibrio de los ciudadanos, pero involucrarlo en un acto de esa naturaleza me parece absolutamente inaceptable, esa es mi opinión personal.”

¿Puede el fiscal general de la República tener opiniones personales en asuntos públicos y antes de una indagatoria? Claro, sobre todo si se es más carnal que fiscal. La tarea de un fiscal carnal es resguardar a quien le dio el puesto y no investigar hasta las últimas consecuencias los delitos que involucran al gabinete de Seguridad y a la Presidencia. La 4T nos muestra ahora la cara del PRI restaurado: las mentiras, el engaño, el autoritarismo, la ilegalidad. El regreso de la Presidencia Imperial o la Dictadura Perfecta.

Ya lo diagnosticó Mario Vargas Llosa: “No era tan perfecta, porque finalmente la dictadura desapareció, pero lo que es terrible es que vaya a resucitar, ¿no? Porque yo tengo un poco la impresión de que López Obrador es como la resurrección del PRI, del PRI que formó parte de su juventud”.

@ruizjosejaime

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