Por Carlos Chavarría.

La historia es un péndulo y en su vaivén nos enseña lo fácil es que es volver a cometer los mismos errores a pesar de la historia misma. Las generaciones cambian y la memoria es flaca y veleidosa, sólo contamos lo que recordamos de lo que vivimos, pero no la vida en sí, esa se diluye, se pierde y en sociedades enajenadas por el trabajo, la rutina y el afán consumista es aún más grave.

En América Latina se deja ver una recursión gastada bajo los mismos impulsos que inspiraron a la Revolución Francesa que poco a poco van sumiendo a la región en la convulsión social.

Antes se trataba de acabar con el feudalismo, ahora de un abstracto, el neoliberalismo, pero la raíz es la misma, pueblos cansados de una fraternidad que no es solidaria, una libertad que sólo se puede ejercer si se tiene dinero, y una igualdad administrada, y por supuesto todo aderezado por políticos, líderes y gobiernos dispuestos a cualquier a cualquier extremo demagógico con tal de mantener el estado de cosas y el poder a su entera disposición.

La inteligencia social y la política del sistema democrático han fallado al no ver las señales, tanto del descontento como de la operación de fuerzas y corrientes geopolíticas con intereses diversos en la región.

Nada importan los retrocesos y los costos asociados. En Latinoamérica los pueblos están tan cansados del engaño que están dispuestos a elegir la anarquía como estandarte de vida y el premio de una libreta de racionamiento ante la notoria ausencia de algún acicate con visos de verdad hacia el futuro.

Los pueblos latinoamericanos ya no esperan paraísos ni aquí o en el otro mundo, y de esa desesperanza se alimenta el ciclo político latinoamericano. Es preferible abrazar una mentira, a la oscura y perpetua realidad de la pobreza y la impotencia de ver como el engaño es cada vez más fuerte.

Prefieren entregar su pequeña libertad ante un puñado de gobernantes vivales y de oportunidad que abrazan sus reclamos con fórmulas mágicas, que no son sino retórica y los hacen creer que se puede dar lo que no se tiene, y esos mismos gobernantes los hunden más en su condición extrema.

Castro pudo sostener su mentira gracias a la Guerra Fría, sin esta última no hubiera consolidado su régimen. Chávez logró sus propósitos mentirosos gracias al petróleo caro que le compraron los países carentes del energético, al caer el precio se acabó la aventura que arruinó a Venezuela.

Argentina y sus Kirchners se mantuvieron debido al muy elevado precio de los granos, la depreciación de los mismos develó el misterio, no fue el populismo socialista, sino los excedentes de todos sus países clientes los que financiaron la aventura sin futuro, que hundirá más a sus países.

Rusia, China y los países antes socialistas, como el azotado pueblo de Viet-Nam, ahora viven mejor gracias a la reorientación de sus economías para aprovechar el odioso liberalismo occidental que tanto gusta como argumento central de los miembros del Foro de Sao Pablo que ahora azotan a Chile, Ecuador, Colombia, etc.

La región latinoamericana es vulnerable, México incluido, debido a la pobre autoestima de sus pueblos, educados para “esperar” más que para luchar por sus derechos, que sólo conoce el camino que les muestra algún líder y no para labrar el propio, de tal suerte que se les puede convencer con migajas democráticas, aunque se les nieguen todos sus derechos de participación activa.

Ya veremos como bien pronto Ecuador, Chile, Argentina, Colombia, Perú, Uruguay, profundizarán su caída dentro de la órbita del Socialismo del Siglo XXI, sin percatarse que serán la carne de la misma globalidad económica que ahora le compite a los EEUU su hegemonía.