Por Félix Cortés Camarillo.

Más allá de la asqueada repugnancia que nos ha provocado a todos los bien nacidos la masacre de por lo menos nueve miembros de la familia mormona Lebaron cruzando la línea fronteriza inexistente entre Sonora y Chihuahua, uno no puede evitar caer en las sospechas y las dudas.  Toda muerte de seres humanos es lamentable; la de civiles indefensos lo es doblemente. Cuando los asesinados son menores de edad –dos de ellas con seis meses de nacidas– no hay medida imaginable a la ira y el enojo que provoca. Ni a las dudas que despierta.

Eso sucede, de manera especial, cuando se asume con inmediatez extraña la hipótesis de algo sucedido en la lejanía incierta y de lo que se tienen muy pocos datos.

La hipótesis de que pudo haberse tratado de una confusión de grupos de narcotraficantes que, al observar una caravana de camionetas, el modo usual de desplazamiento de ellos, dedujeran que se trataba de una banda rival del mismo negocio torvo y dispararan sin ver ni pensar, es improvisada, infantil y presurosa. Sin embargo, ha sido aceptada como probable por el encargado de nuestra seguridad nacional, por el propio presidente López, y en el colmo de los colmos por el presidente de los Estados Unidos.

Es probable que haya razón. No parece haber raciocinio. Se antoja una prisa extrema para arribar a conclusiones fáciles y decisiones apresuradas.

La del presidente Trump, por ejemplo, dispuesto a enviar, al chasquido de los dedos del presidente López, un ejército para perseguir y castigar a los asesinos. El ejército de los Estados Unidos de América, desde luego.

No me defiendas, compadre.

En esta ocasión el presidente López ha actuado con serenidad comedida. La política interior mexicana está muy bien sustentada en sus leyes fundamentales y en su tradición de independencia y soberanía nacional. Ante el ejército de los Estados Unidos o de cualquier otro país que ofrezca sus buenos oficios militares para solucionar un asunto interno, mexicano, que nos ofende, nos lastima, nos duele a todos.

Nada más eso le faltaba a las Fuerzas Armadas de México: que una fuerza extranjera viniera a hacer lo que ellos pueden y quieren resolver.

felixcortescama@gmail.com

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.