Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Margarita Ríos-Farjat no pudo con el Sistema de Administración Tributaria. La mejor salida se la proporcionó el presidente Andrés Manuel López Obrador al propiciar que sea la nueva ministra de la Suprema Corte de Justicia. Margarita, así, está donde sí sabe y donde le gusta.

Por otro lado, se olvida de su candidatura, por Morena, a la gubernatura de Nuevo León: 15 años como ministra son mejores que seis años de gobierno. Con ello despeja las posibilidades de otros contendientes, como lo son la diputada federal Tatiana Clouthier, el jefe de la Unidad de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, Waldo Fernández, y la alcaldesa de Escobedo, Clara Luz Flores.

A ningún funcionario se le despide por eficiente (ya estarían fuera el canciller Marcelo Ebrard y Arturo Herrera, de Hacienda, quienes tienen la mejor reputación, según un estudio de El Universal). Margarita no tenía las credenciales para estar al frente del SAT, como en otros nombramientos de este sexenio, carecía de experiencia, por eso le pusieron un SAT a modo al eliminar el requisito de que el titular del sistema tuviera experiencia directiva en recaudación de impuestos, en administración y en aduanas.

El gran logro de este año en materia fiscal ha sido la modificación a la ley para acabar con las condonaciones, pero eso no ha sido un resultado de Margarita sino de Andrés Manuel quien, durante años, ha luchado contra esta perversidad del sistema fiscal mexicano. Hoy mismo aseguró, en la mañanera, que ya no existen las condonaciones y las empresas y bancos están pagando sus impuestos.

“Imaginen una empresa grande, grande, grande; imaginen un banco grande, grande, grande, famoso. Bueno, pues esa empresa, ese banco que están pensando, no pagaba impuestos o se los condonaban. Eso ya se terminó”.

López Obrador le proporcionó una salida elegante a quien, perdonen por la comentocracia, es más amiga de Beatriz Gutiérrez Müller que de Alfonso Romo, jefe de la Oficina Ejecutiva de la Presidencia o del mismo presidente. El fracaso de Margarita se sustenta en la pobre recaudación: incumplió las metas porque de 2 billones proyectados de recaudación, sólo logró 1.3 billones; en el descontrol en la porosidad de las aduanas, incluyendo las portuarias, donde se sigue cometiendo la corrupción de siempre; en tratar de vencer a los contribuyentes y no convencerlos de pagar sus impuestos: no llega a terrorismo fiscal, pero casi.

El fracaso de Margarita Ríos-Farjat al frente del SAT es notorio, ¿tendrá que rendir cuentas públicas de sus resultados y transparentar sus cuentas personales –si mantuvo su patrimonio, si lo bajó o subió y en qué porcentaje? Debería de hacerlo porque si la transparencia y la rendición de cuentas no se imponen, la Cuarta Transformación será simplemente una Cuarta Simulación.

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