Por Félix Cortés Camarillo

Yo no creo que los integrantes de mi generación, ni la de que ya nos pisó los talones, vayan a presenciar la necesaria transformación del sistema nacional de justicia en uno que corresponda a un Estado democrático que por el momento sólo hemos soñado. La democracia mexicana es algo que da un pasito para adelante y dos para atrás, con cárceles llenas de inocentes que no tienen dinero para pagar un abogado y un soborno y culpables de delitos graves deambulando por las calles o detentando cargos públicos.

Estos desequilibrios de han manifestado de manera más notoria en la relación del poder ejecutivo –y de paso el judicial que ha seguido sus órdenes- con el llamado movimiento sindical mexicano. A eso se debió la arbitraria permanencia de Fidel Velázquez al frente de los obreros dizque organizados, o más recientemente la impune actuación de Carlos Romero Deschamps como dueño del sindicato de los petroleros. De este último caso el presidente López procuró largamente marcar una distancia aparente bajo el pretexto de que él no se mete en cuestiones internas de los sindicatos.

Es difícil entender esto cuando él mismo manda traer al prófugo de la justicia Napoleón Gómez Urrutia desde su largo exilio voluntario en Canadá para hacerlo senador de la República y aspirante a mangonear al sindicato que fue propiedad de su padre, el de los mineros y metalúrgicos. Igualmente encaja poco en esa postura la puesta en libertad de la maestra Elba Esther Gordillo, que manejó largamente el sindicato de maestros y que fue encarcelada por órdenes de Enrique Peña Nieto y puesta en libertad y en operaciones políticas nuevamente por el presidente López.

Hoy en día, Elba Esther Gordillo no solamente está en pos de recuperar el sindicato de los maestros, sino resuelta a hacer desde esa plataforma un fuerte partido político.

Me consta que en el movimiento magisterial, el más fuerte del Continente, la señora Gordillo goza de sólido apoyo: ella consiguió para los maestros beneficios que le agradecen. Mi duda es si esta nueva fuerza política, en un país hastiado de los partidos pueda constituir una verdadera y recia oposición al gobierno, tan necesaria, o si solamente vendrá a abonar en el deterioro de la democracia que no se construye en México.

PARA LA MAÑANERA.- Con todo respeto, Señor Presidente: ¿Lo único que se necesita para meterse a una librería afamada de Buenos Aires y robarse impunemente un libro es ser embajador de México? Desde luego, con una larga carrera diplomática profesional y un respetado curriculum burocrático entre el cuerpo diplomático. ¿Todavía sigue siendo cierto aquello de que los embajadores de México en el extranjero son además representantes personales de un gobierno en el que la corrupción ya no existe porque se le barrió como las escaleras, de arriba hacia abajo?

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