Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

“A pedido de su padre y tras veinte años de ausencia, Ana María regresa a México y toma las riendas del imperio tequilero de su familia, sumido en secretos y corrupción”, describe el sitio oficial de Netflix sobre la serie “Monarca”. La ficción tiene harta realidad, pero no la esencial, esto es, que una de las mayores empresas de México (se cita a Forbes), se constituya como el garante de la lucha contra la corrupción del sistema político mexicano.

La serie, producida por Salma Hayek, da un retrato del país antes de la 4T –aún es temprano para mostrar la corrupción de ese sexenio. “Monarca” sería imposible bajo la óptica del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero le ayuda según si discurso de que todo lo malo pasó antes, en ese sentido, mantiene una línea de ideas consistente con las líneas discursivas de este primer año de gobierno.

“Monarca” podría haber sucedido en tiempos de Felipe Calderón, las acusaciones en contra de Genaro García Luna le darían sentido, o de Enrique Peña Nieto, poniendo como casos a Rosario Robles o Emilio Lozoya, ya vendrán otros que se le acumulen.

La serie es imposible por su origen argumental: el patriarca del Tequila en México (y de hoteles y constructoras) decide regenerarse, luchar en contra de la corrupción interna de su familia y externa representada por el gobierno del país y del secretario de Economía como virtual candidato a la presidencia.

Los personajes son imposibles porque la heredera de esta lucha y del imperio, Ana María, ha presenciado un terrible acto delictivo del padre que, por decisión de la propia hija, la exilia del país hacia California donde desposa a un escritor gringo (menor y chivato) y tiene dos hijos también imposibles: una activista y un junior enamorado de la equitación. La vulnerabilidad recorre a la familia y vulnerable es el hermano bisexual que atiende la comunicación social y está impelido a ejercer la comunicación personal.

Imposible es la pendular actuación de Juan Manuel Bernal que pasa de ser un empresario calculador a un títere del narco. Tal vez en eso radique el error de “Monarca”, su “pendularidad”. Ejercicio bipolar, la familia no es lo que es y tampoco se presenta como lo que representa. No es la doble moral, es el paisaje tequilero y capitalino de personajes dobles, esa doblez que nunca arroja identidad.

“Monarca” es una crítica al régimen antes de la 4T y es, en su pasado en claro, ese nido de escorpiones del que nos hablaba el poeta. ¿Recomendable? Poco. ¿Entretenida? Bastante.

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