Por Francisco Tijerina

“Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien”‘. Virginia Woolf

En los últimos tiempos ha surgido una moda en torno a la cocina y la preparación de los platillos. Hay programas de TV de diferentes temáticas, estilos, formas, todo alrededor de los alimentos; hoy preparar una carne asada se ha convertido en un arte, gracias a las novedades de los innovadores de los medios.

Sin embargo a pesar de las nuevas modas y tendencias, hay sabores y sitios que permanecen en el recuerdo y hoy, a pesar de que ya no están, mantienen un lugar de honor en la historia culinaria de Monterrey: El Tío y el Luisiana.

Todo empezó porque ayer amanecí de antojo de un “Helado al Horno” del Luisiana y recordé sus famosas “Peras Bourdaloue”, además de su exquisita cocina.

Durante 60 años el Luisiana fue un sitio especial, un lugar en donde cada comida o reunión se volvía inolvidable. Tres generaciones de la familia Costa mantuvieron el prestigio de una atención esmerada y un sazón digno de los mejores paladares. Entrar ahí era ya una experiencia.

Ni qué decir de “El Tío” que mantuvo abiertas sus puertas por 84 años, aunque en la etapa final, cuando estuvo rentado, no tenía ya ni el mismo sabor ni el mismo ambiente.

Inolvidables comidas, cenas y reuniones en sus salones o en su terraza. Sus cortes de carne, siempre iguales, siempre con el mismo sabor, sus entradas y sobre todo el excelente servicio, son de las cosas que puedes a pesar del tiempo rememorar con sólo pensar en ellas.

Nos quedan aún, para nuestra fortuna, Las Pampas que va para 60 años de historia y sigue ahí, firme, adaptándose a las nuevas circunstancias y condiciones.

Tras ellos han aparecido y se han extinguido muchísimos lugares, unos con más o menos suerte que han podido sobrevivir a la inseguridad o las cambiantes condiciones de mercado.

Pero marcar una especialidad y hacer de ella una bandera digna de reconocimiento, no cualquiera. Hoy tenemos restaurantes de todo tipo de cocina en nuestra metrópoli, pero les sigue haciendo falta esa personalidad y sello que tuvieron los de antes, los verdaderamente famosos.

Quedan en el recuerdo esos sitios emblemáticos de nuestra ciudad, pero sobre todo en la mente y el paladar esos sabores únicos que los convirtieron en un referente de nuestra cocina.

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