Por Félix Cortés Camarillo

A cualquier observador mal pensado le llamaría la atención los tiempos en que se da la crisis diplomática entre Bolivia y México, por el empecinamiento de los dos gobiernos en uno perseguir y otro proteger a media docena de bolivianos que fueron integrantes del gobierno de Evo Morales, y que recibieron asilo en la embajada de nuestro país en La Paz.

            No es que sea la culminación de las fiestas decembrinas; es que con el inicio del año este miércoles entra en vigor en México el ajuste fiscal al IVA y al IEPES a combustibles, cigarrillos y refrescos gaseosos, que –digan lo que digan- va a afectar el bolsillo de los mexicanos. En un país al que su pastor le ha repetido prácticamente todos los días que no habrá impuestos nuevos ni aumento a los anteriores, eso calienta, como dice el presidente López. Ante una crisis de imagen, una imagen de crisis, diría el teórico.

            Las truchas enjabonadas de la política, como lo es el presidente López, saben que para las crisis internas la mejor compresa es un enemigo externo; se entona el Masiosare y la mexicanada en pleno se une en torno al presidente para sacarle la lengua al bribón y se olvida de lo que está pasando en su casa. De esta manera, ya nos estamos alistando para defender el orgullo patrio frente a estos andinos insolentes que no respetan ley alguna.

            Para nadie es un secreto que el servicio diplomático ha sido, desde que se inventó, algo más que señores y señoras que asisten a ceremonias de pompa y circunstancia u ocasiones de frack y cocktails. Cada misión extranjera, grande, pequeña o mediana tiene múltiples funciones sobre la mesa, en los campos de la colaboración económica, el comercio internacional, la atención de sus nacionales en tierra extraña, la promoción del turismo hacia sus bellezas de todo tipo y la difusión de sus valores culturales. Pero, en lo oscurito, las sedes diplomáticas tienen amplias funciones opacas de política, información, cabildeo, análisis y espionaje. Entre otras cosas.

            En esta circunstancia se está dando este juego de vencidas entre Bolivia y México por los asilados: por añadidura, ellos deben abandonar la sede de la embajada mexicana antes del miércoles porque el contrato de arrendamiento del inmueble vence ese día y la mudanza a la nueva sede está en proceso. Parece un guión de thriller, pero me dicen que así se usa en el mundo de la diplomacia, o por lo menos en las películas de James Bond. A este libreto se vinieron a sumar cuatro miembros del “grupo especial de operaciones” de la Unidad de Intervención Policial de España – en mi país se llaman guaruras- que acompañaron a la encargada de negocios de su país en una visita que hizo a la embajadora de México en La Paz en este caldeado ambiente.

            Aquí, como decía mi padre, se les hizo bolas el engrudo y comenzaron los dimes y diretes. Alguien dice que los guaruras españolas pretendían sacar a algunos de los asilados en sus autos, con capuchas y todo. Acusaciones vuelan de un lado a otro y la verdad es que nadie sabe nada. El gobierno de España, que no tiene nada que ver en este merengue, ya mandó a un alto mando de su ministerio del exterior para que vea de qué se trata.  Lo único claro es que la atención de los mexicanos se ha apartado de lo realmente importante que es el bolsillo y el bienestar de los mexicanos.

PARA LA MAÑANERA.-  Señor Presidente, con todo respeto: ¿dónde están las universidades patito que prometió?

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