Por Félix Cortés Camarillo

Ese impulso inevitable que nos lleva al ritual de hacer cada año en la fecha de ayer un recuento de todas nuestras maldades y en la de hoy una lista de las mejores intenciones, no puede tener otras raíces que nuestro terror por la muerte. Envueltos en tantas incertidumbres reprimimos la certeza única que es nuestra desaparición total, tarde o temprano.

            Esa ambivalencia esencial la trasladamos al sistema de nuestras prioridades. Los resúmenes de fin de año, en el campo noticioso, por ejemplo, se centran generalmente en lo superficial, que suele ser efímero y espectacular. De esta manera leo que entre los acontecimientos más trascendentales del año que se fue, se encuentra la explosión del hoyo huachicolero de Hidalgo con sus ciento sesenta muertos o la entrega dócil de la plaza de Culiacán al narcotráfico, luego de tener a uno de los herederos de su jefatura detenido y sumiso.

            Importante es el torpe manejo de la caída de Evo Morales en Bolivia, su acogida inmediata como hijo pródigo en nuestra embajada, nuestro lujoso avión y nuestro generoso exilio, que luego dejó, y las consecuencias que arrastró para las relaciones de México con el país andino, a punto de la ruptura diplomática que Marcelo Ebrard quiere impedir a toda costa.

            Trascendente es el resurgimiento de un feminismo que se empeña en ser la otra cara del machismo, en lugar de procurar un mundo en el que hombres y mujeres seamos iguales en nuestra deliciosa y placentera diversidad.

            Superficial y efímero. Vanidad de vanidades, todo es vanidad, dice el buen Libro.

            Muy al ladito, tocándonos, está la otras realidad: la que perdura, la que abarca todo, la que determina todos los días a cada instante, el momento que viene, el segundo que sigue. El mundo está sujeto a un implacable e incesante proceso de sobrecalentamiento que no ha merecido la atención de todos, pero que ha sido objeto del desprecio de los poderosos. Ambos glaciares, pero de manera especial el boreal, se están derritiendo a una velocidad aparentemente lenta pero inexorable. Los mares, lentamente, están subiendo de nivel, tragándose pedacitos de tierra. Lo primero en desaparecer serán unas islas coralíferas en el Pacífico Sur, pero la marea sigue subiendo. Las playas españolas se han visto reducidas.

            Ciudades enteras, emblemáticas de nuestro estúpido progreso, quedarán bajo el mar. Nueva York, Miami, Barcelona, Hamburgo, Acapulco, La Habana, Estocolmo… El mar se irá metiendo, como un forajido nocturno, sin que queramos advertirlo.

            Una conferencia mundial ha tenido lugar en el 2019 en Madrid para advertirnos de este peligro, que tal vez ya es irreversible y que falta muy poco para que se pueda controlar de alguna manera. Los Estados Unidos, China, los mayores contaminadores del medio ambiente, no tienen interés en el fenómeno: es a demasiado largo plazo. La destrucción de la protectora capa de ozono es la principal causa del sobrecalentamiento de la Tierra.

            Esa es la noticia principal del año que se fue. Y del que viene, y del que sigue….

PARA LA MAÑANERA.-  Señor Presidente, con todo respeto: ¿Usted no sabe que los protocolos diplomáticos internacionales se fundamentan en la reciprocidad? Si Bolivia le expulsa a su embajadora, usted debería hacer lo propio con la mayor autoridad de Bolivia en la sede diplomática en México.

No, evidentemente no lo sabe. ¡Feliz Año Nuevo!