Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Pobrecita la burrita ya no quiere caminar,
da unos pasos pa’ delante y otros tantos para atrás”
Ventura Romero Armendáriz en “La Burrita”

Dicho hasta la saciedad, en materia de transporte urbano en Nuevo León estamos como “La Burrita”, aquella canción que hiciera famosa Pedro Infante, que daba “unos pasos pa’ delante y otros tantos para atrás”.

Brincan, saltan, amenazan, declaran, se inconforman, patalean y sólo en una cosa todos los bandos se ponen de acuerdo: en no ceder un ápice en sus posiciones.

Es cierto, tenemos un sistema de transporte colectivo deficiente, como también es cierto que los prestadores llevan años pidiendo un incremento en las tarifas sin que se les conceda. En un perfecto círculo vicioso, unos no mejoran porque no les aumentan y los usuarios no quieren pagar más porque no mejoran el servicio.

Pero como ambas partes se necesitan ahí siguen, en una relación de amor (te necesito) y al mismo tiempo de odio.

Siendo un servicio de carácter público y concesionado, el Gobierno debe velar por la buena prestación del mismo y regular su operación, por lo que le toca autorizar los incrementos pero, y aquí es donde empiezan los peros, a ningún gobierno le gusta cargar con “la paleta” de cobrarle más a los ciudadanos por cualquier cosa.

Así, los alcaldes que también tiene silla en la mesa, públicamente se oponen a que suban los precios de los pasajes.

Luego están los diputados que también tienen vela en este entierro y en el Congreso el tema se pone mucho mejor porque entran en juego intereses político-partidistas, además de otros personales y de grupo, que terminan por contaminar lo que en la teoría debería ser una decisión técnico-económica.

Los prestadores lloran y hacen berrinche, dicen que no les salen las cuentas, pero lo cierto es que nunca han sido capaces de socializar su supuesta necesidad; no han podido (porque no han querido) presentar una simple tabla de costos y utilidades, porque saben que eso equivaldría a “bajarse los calzones”.

De una cosa podemos estar seguros, por algo deben seguir ahí.

Sin embargo no cuentan con voceros capaces de sensibilizar a la opinión pública de la imperiosa necesidad de una mejora sustancial en el sistema y se empeñan en presentar a la peor de sus caras: vociferadores envalentonados que con bravatas y amenazas de paro pretenden imponer el miedo.

Y para completar el venenoso caldo de cultivo tenemos a especialistas que hoy proponen soluciones que cuando ellos mismos estuvieron como autoridad no supieron o no pudieron implementar y a activistas cuyas protestas no son como las de hace años de Nacho Zapata con su Alianza de Usuarios del Transporte, sino mucho más políticas y mediáticas, estirando y aflojando del hilito en un oscuro juego que nadie sabe qué pretende en realidad, además de organizaciones que prefieren abstenerse de votar para no quedar mal con nadie.

Como lo hemos señalado, llevamos años luz de retraso en el tema y la solución es de simple lógica: modernizar el sistema mediante estudios que permitan integrar a todas las partes buscando un formato de ganar-ganar para todos los involucrados, principalmente los usuarios.


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