La más creciente de las obsesiones del presidente López es defender a capa y espada la existencia y el curso del llamado Instituto de Salud para el Bienestar, que de golpe y porrazo, con las doce campanadas de la medianoche del 31 de diciembre, sustituyó al Seguro Popular, una entidad inventada ante la incapacidad del IMSS de atender a todos los mexicanos en sus necesidades elementales de salud.

            Debe decirse que más de la mitad de los mexicanos carecían de los beneficios de una institución como el Seguro Social –que pese a sus deficiencias ha salvado millones de vidas durante su existencia– porque más de la mitad de los mexicanos se encuentran viviendo en lo que se llama la economía informal. Así se les dice a los comerciantes, artesanos y trabajadores varios que ejercen por su cuenta y que no pagan ni una sola de las contribuciones a los que los demás mortales estamos obligados, como el impuesto sobre la renta, o retener y enviar al erario el impuesto al valor agregado en sus operaciones.

            Esos nuevos beneficiarios del Insabi tampoco van a abonar un quinto al capital colectivo de los mexicanos. A cambio de ello, tampoco tendrán servicios de salud de ningún tipo.

            Para que no exista duda sobre las meninges gastadas en la concepción e implementación del Insabi, baste decir que el director del engendro Juan Antonio Ferrer Aguilar, designado directamente por el presidente López, es un experto antropólogo; como segundo atributo es ser tabasqueño. Nadie debe abogar porque el encargado de la salud de los mexicanos tenga que ser necesariamente un médico: sería suficiente con que fuera un buen administrador capaz de descubrir y cuantificar necesidades y en consecuencia tomar decisiones que las remediasen. Tampoco exigir que los nacidos en la misma tierra del presidente López.

            Pero el presidente López ha sido suficientemente explícito sobre los requisitos que él fija para designar a los responsables de las diferentes áreas: un diez por ciento de capacidad y un noventa por ciento de honestidad y lealtad. La lealtad del señor Ferrer Aguilar está asegurada. Ya lo hemos escuchado denostando al Seguro Popular. Lo de la honestidad está por verse y lo de la capacidad nos la seguirá debiendo.

            El Seguro Popular tenía indudablemente defectos grandes. Sus puestos directivos, como todos los puestos de mando, brindaron a los pillos oportunidades de enriquecimiento muy explicable. Pero daba algunos servicios de salud a los que no los tenían. Entre otros, que los hospitales y sanatorios del sistema de salud estaban obligados a atender, a cambio de una cuota simbólica llamada de recuperación, a quien lo necesitara. Con los primeros minutos del Año Nuevo, los hospitales comenzaron a rechazar pacientes o a elevar la cuota de recuperación a niveles inalcanzables.

            Todo va a mejorar, dice el presidente López, y más tarde o más temprano los mexicanos tendremos acceso a la atención médica y los medicamentos gratuitos al nivel de los países escandinavos.

            Si esto fuera posible, millones de mexicanos, muchos de quienes hoy son niños que no pueden comprar las medicinas para el cáncer que los carcome, habrán quedado en el camino.

PARA LA MAÑANERA.- Con todo respeto, Señor Presidente: ¿Ya hizo alguien en su gabinete las matemáticas para calcular los años luz en que su gobierno capacitará a los médicos que los mexicanos necesitamos?

felixcortescama@gmail.com

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