Por Félix Cortés Camarillo

There´s no people like show pèople. They smile when they are low… Let´s go on with the show…!

Irving Berlin, There´s no Business Like Show Business

Es evidente, y el poeta y periodista Javier Sicilia, del que nos se le conocen poemas valiosos ni actividad periodística alguna, lo sabe, que el presidente López no lo tiene en la lista de sus personajes favoritos .Los mexicanos tenemos la memoria corta, pero el señor Javier Sicilia, ha hecho un oficio de su circunstancia de ocasional víctima colateral de la violencia mexicana: le secuestraron y mataron a un hijo en condiciones poco claras en Cuernavaca, y aferrado a ello ha deambulado por los medios pretendiendo un liderazgo social que no tiene y aspirando a ser representante de todas las víctimas de este mundo.

Acuérdense. El lunes 28 de mayo del 2012, en el apogeo de su martirologio, Sicilia mandó traer a los cuatro candidatos a la Presidencia de la República de ese año a careos en el Castillo de Chapultepec, careos en los que Sicilia fue el protagonista. Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto, Gabriel Quadri y el mismísimo Andrés Manuel López Obrador acudieron a esa sesión en la que Sicilia los acusó a todos de no tener sensibilidad para las víctimas de la violencia.

A los cuatro los recibió de abrazo y beso. 

El único que se negó, obstinada y firmemente a besar y ser besuqueado fue el hoy presidente López, dicho sea en su favor, a pesar de ser jaloneado en búsqueda del cómplice ósculo. Toda esa sesión fue un espectáculo a favor del señor Sicilia y su llamado movimiento por la paz y la justicia.

Refresco la memoria de ustedes mencionando el incidente, para tratar de entender la postura del presidente López de negarse el pasado fin de semana a un encuentro personal con una caravana encabezada por el señor Sicilia y su mismo movimiento por la paz y la justicia, al que montó astutamente a los menonitas víctimas de una matanza allá en los linderos de Chihuahua y Sonora, donde han mantenido por años su comuna. Fue el presidente López el que hizo alusión a que no quería prestarse a un show mediático, y dejó entrever que la investidura presidencial su prestigio, vaya, se podría poner en peligro. Y puede que haya tenido razón.

Sin embargo, el propio presidente López es persona muy avezada en esto del espectáculo mediático y su uso en la política. Nos tenemos que soplar, cada vez que hay indígenas presentes, ceremonias rituales, limpias cin hierbas santas, homenaje a la madre tierra y otras paparruchadas que seguramente alguien le dijo a Andrés Manuel que tienen un gran impacto precisamente entre los jodidos.

Aún y cuando aceptásemos esa reticencia, que se escondió en el falso argumento de que los fines de semana los dedica el presidente López a sus giras por el interior de la república –durmió ese viernes y sábado en Monterrey con una oscura agenda- y que por eso no podía encontrarse con el grupo religioso de los Barón, que también tienen otros apellidos.

La política es un espectáculo, no hay duda. Alguien anotaba con certeza que la masacre de los once jovencitos indígenas de Oaxaca, músicos por más señas, no había despertado en los medios informativos mexicanos la décima parte de la atrención que los medios en el mundo le dieron al asesinato de los Barón. No se trata de comparar la magnitud de las tragedias, cada una tiene su propio peso. Pero de que el show es el show, no cabe duda. 

Y en este show, el presidente López hizo muy mal papel.

PARA LA MAÑANERA.-  Con todo respeto, Señor Presidente: los habitantes de Cabo San Lucas le mandan agradecer por enterarles cada lunes que la gasolina en Villahermosa cuesta cincuenta centavos menos por litro que en su bello pueblo. 

felixcortescama@gmail.com

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