Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

La ridiculez le ha ganado la batalla a la belleza, al goce estético, al placer de disfrutar una obra. El arte, como casi todo en esta época, deviene en entretenimiento, en espectáculo. Quienes coleccionan a Damien Hirst, Gabriel Orozco, Abraham Cruzvillegas o ahora al “joven” Gabriel Rico, más que ingenuos, incautos: arte engañabobos. Quienes sí poseen malicia no son los coleccionistas, son los corredores de arte que compran obra como inversión, para revenderla y en ellos priva el “arte” como mercancía.

LOS “HECHOS” SEGÚN EL DIRECTOR DEL SOUMAYA

Relata El Heraldo: “La crítica de arte Avelina Lésper protagonizó una polémica al interior de Zona Maco, luego de ser acusada de destruir una obra de arte y tratar de huir, aunque ella dijo que las cosas no fueron (así) y se trató de un accidente.

“Alfonso Miranda, director del Museo Soumaya, denunció desde su cuenta de Twitter la acción de Lésper, quien trató de huir del lugar, según su relato y de otros testigos.

“‘Tragedia en Zona Maco protagonizada por la pseudo y autoproclamada crítica de arte Avelina Lésper. Tras su visita al espacio de Galería OMR rompió la obra de Gabriel Rico, Ni siquiera se disculpó y huyó’, relató Miranda.

“En las fotografías se aprecia a la crítica de arte rodeada de varias personas y a un costado restos de vidrios de lo que era la obra de Rico”.

LOS “HECHOS” SEGÚN LÉSPER

Milenio da la versión de Avelina:

“Avelina Lésper aseguró que ella no rompió la obra Niemble and Sinister Tricks (To be Preserved with Out Scandal and Corruption), de Gabriel Rico, exhibida en Zona Maco, y que tampoco se fue del stand de la Galería OMR, donde se mostraba esta pieza que consistía en un vidrio sosteniendo una piedra y un par de pelotas, con un precio de 20 mil dólares.

“Es mentira, sostiene la especialista, ‘que salí huyendo del lugar, porque el accidente sucedió cuando la obra implotó al intentar acercar una lata de refresco vacía a la obra. No traté de agredirla ni violentarla. Como una crítica, llevaba una lata vacía de refresco, traté de ponerla sobre una de las piedras, pero la obra explotó, se hizo pedazos, ni siquiera pude apoyarla, me quedé con la lata en la mano”’.

¿Y el autor de la obra? Pedagogo de quinta, sin título no existe obra conceptual.

A VER, A VER…

Más que una denuncia, el director del Museo Soumaya, Alfonso Miranda, trata de denigrar a Lésper porque si bien no tiene evidencia de que Avelina huyó, sí trata de ningunearla como “pseudo” y “autoproclamada” crítica de arte. Flaco favor le hace Miranda a Carlos Slim y al museo. Sus fobias no deberían de comprometer su trabajo.

Avelina habla de “accidente”. Que no joda. Ella quiso “intervenir” la obra de Gabriel Rico y, como “el observador puro ha muerto”, convertirse en una crítica poswarholiana con su coca-cola vacía. No lo logró, aunque sí sus quince minutos de fama a través de los memes en las redes sociales.

En su comunicado, la Galería OMR asegura:

“En OMR estamos muy tristes y decepcionados por lo que sucedió el día de hoy en la feria de arte de Zona Maco. No entendemos como una supuesta crítica profesional de arte, destruyó una obra de uno de los artistas más sobresalientes del momento”.

Para OMR Avelina no es una crítica profesional, coincide con el director del Soumaya. Y agrega su comunicado que “a sus escasos 39 años”, además de ser uno de los artistas sobresalientes del momento, Gabriel fue seleccionado por la Bienal de Venecia el año pasado y es uno de los artistas más buscados de OMR por coleccionistas e instituciones. Vaya, vaya. A sus escasos 39 años… ¿Cuántos años tenía Van Gogh cuando murió? ¿37? ¡Cómo ha cambiado la “apreciación” del arte a través del arte como mercancía!

“A pesar de que parece haber sido accidental y que es irrelevante como sucedió, la acción de la Sra. Lésper de acercarse demasiado a la obra para ponerle una lata de refresco encima y tomarse una foto para hacer una crítica, sin duda ocasionó el destrozo, y es sobre todas las cosas, una enorme falta de profesionalismo y respeto”.

OMR se equivoca, no puede ser “accidental” un acto de pretendida “intervención” a una obra de arte. Es todo lo contrario: estructural, pensado, previsto.

LA RIDICULEZ

La memez engendra memes. Ridícula es Avelina Lésper al tratar de convertirse en “artista” al intervenir la obra de Gabriel Rico con una lata de coca-cola. Ridículo es Alfonso Miranda al pretender decidir, como director del Soumaya, quién es crítico de arte en México y quién no. Ridícula la Galería OMR al querer convencer que son promotores de arte y no mercachifles del arte.

En la sociedad del espectáculo la feria de las vanidades es así. De la que escribió Sloterdijk prolongando a Bourdieu desde, en ese caso, otra clase darwiniana: la que rige la ley de la sobrevivencia de lo más mediocre. En efecto: la ley de la sobrevivencia de los más mediocres.

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