Ahora que soy libre al fin

Para escoger con quien vivir

No me puedo olvidar que fui tu amante…

Juan Eduardo, Juan Marcelo, Ahora que soy Libre

            Lo peor que le puede pasar a la sociedad mexicana después del campanazo del domingo y lunes pasado en que, casi por inercia, logramos convencernos a nosotros mismos de que tenemos un ancestral problema de injusticia social y ética y un desequilibrio abominable en la manera en que tratamos, incluso las mujeres, a nuestras mujeres, sería regodearnos en la satisfacción de haber logrado ese innegable triunfo, olvidarnos de él y sin darle seguimiento en lo cotidiano, regresar a las viejas prácticas. Al cabo, ya chingamos.

            Por una única ocasión debiéramos seguir el apotegma del presidente López: ya no somos iguales.

            Andrés Manuel no tiene ese problema: él sigue siendo el mismo, con su paranoia de la conspiración que diseñó Claudio X. González según su propia denuncia, para darle un golpe de Estado, los medios tradicionales que él dice nunca le prestaron un minuto de atención a su movimiento y movimientos cuando era oposición, y los reaccionarios del neoliberalismo pútrido que no tienen nada más qué hacer que ocuparse en que su administración ahora en el poder se muestre –como se está mostrando- ineficaz e improvisada, incompetente y errabunda. Pero hay otros mexicanos aparte del presidente López y sus ciegos seguidores. Hay mexicanos serios y honestos que queremos que a este país –a su presidente- le vaya bien para que nos vaya bien a todos. Aunque él no entienda que no entiende que por sus propias decisiones y las circunstancias ocasionales está a cargo de un país que se encuentra dentro de cuatro gravísimas crisis que él no ha querido enfrentar con raciocinio y valentía.

            La primera es la de la polarización. Se ha trasladado al terreno de lo social y por ende lo político, la mecánica del fanatismo deportivo. En este país eres del América o del Guadalajara, del Tigres o de los Rayados, del Cruz Azul o de los Pumas y no toleras, a veces a golpes, la diferencia. A raíz de programas de redes sociales, día a día se fomenta la radical y religiosa defensa de la cuarta desilusión, poniendo a un porcentaje variable de los mexicanos en el otro, intolerable, lado de la raya. Los mexicanos estamos más divididos que nunca.

            El otro síndrome incontenible es una pandemia por ahora insoluble y no tan fatal como han querido hacernos creer, aunque los eventos masivos del mundo entero se van cancelando a un ritmo esquizofrénico. El coronavirus está mucho más adentro de nuestro país de lo que se nos ha dicho, porque hemos replicado la deficiencia de nuestro vecino del Norte: no sabemos qué nos está pasando, porque nuestras estructuras de salud pública son ineficientes. Como es la de los Estados Unidos.

            El tercero es precisamente la salud pública; si la nuestra no era plenamente eficiente, cumplía remediando muchas de las enfermedades de nuestras familias. En el afán de destruir todo lo que los anteriores faraones habían edificado, no se previó ofrecer pirámides alternas y mejores. En el hospital de Pemex en Villahermosa –que Tabasco es un Edén- anoche iban cuatro muertos por la administración equivocada de un medicamento en la hemodiálisis o la administración correcta de un medicamente equivocado. Y ese es sólo una muestra de la crisis del sistema (?) de salud pública mexicana.

            El cuarto factor de crisis resume los tres anteriores. Las crisis económica no es solamente un pasajero tentempié de los rusos y los árabes que fijan el precio del petróleo. El principal consumidor de petróleo es China, que todos sabemos cómo le está yendo a causa del famoso virus. Las bolsas se caen y se levantan, eso es sabido. Pero en este juego del sube y baja, algunos se quedan en medio o se caen. Consultar Lehmann-Brothers y otros. Nuestra economía depende de cómo se comporten los capitales en la bolsa.

            Claro, el presidente López dice que la mayoría del pueblo bueno lo apoya –y si quieren una consulta popular se hace- que nuestra economía está blindada, que el peso ya la libró, y que el coronavirus nos la pellizca, todo ello evocando la figura paternal, omnipotente, machista, dominador, invencible, que ha sido dueño del destino de los mexicanos más de setenta años. Y a la cual corremos el peligro de acostumbrarnos. 

            Y que, como dice la canción de los Juanes, no somos capaces de olvidar que fue nuestro amante.

PARA LA MAÑANERA.– Señor Presidente, con todo respeto: ¿Por qué no le dice a sus achichincles que en la mañanera le preparan el acordeón que verifiquen las cifras de la reserva nacional y de lo que perdió Pemex el ejercicio pasado?

felixcortescama@gmail.com

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.