Por Eduardo Campos Sémeno

Diario del Coronavirus 016. 31 de marzo de 2020

852,366 infectados confirmados

41,918 muertes reportadas

10:30 PM

Aunque muchos mexicanos no saben exactamente lo que significa que se declare una emergencia sanitaria, como que les sonó bastante grave y amenazante para provocar que hoy se vieran otra vez algunas compras de pánico, sobre todo en esas tiendas tipo club que venden artículos en tamaño jumbo o en macro-paquetes.

En tiempos en que las medidas oficiales son más restrictivas y alarmantes, esas compras son las manifestaciones más visibles de lo que está detrás en la mente de todos: el miedo y la incertidumbre. Nadie sabe qué va a pasar ni cuánto tiempo va a durar lo que va a pasar, pero por alguna razón encuentran consuelo en comprar tres paquetes de 48 rollos de papel cada uno o una caja de 20 kilos de pechugas de pollo congeladas.

Claro que en México, siendo un país con tanta desigualdad, mientras unos se estresan por saber si lo que acumularon les alcanzará para subsistir el mes de emergencia, otros sufren por saber si podrán conseguir dinero o provisiones para durar un mes sin actividad económica.

Y aunque ese problema ya se ha dicho hasta el cansancio (ver el Diario del Coronavirus 002), hoy vuelvo a tocar el tema porque siento que hay que decir que ambos motivos de incertidumbre son “respetables” y merecen nuestra preocupación y empatía.

Así como nos nace y se nos ocurre ayudar con dinero, cosas materiales o comida al que menos tiene, también debemos de tratar de ser considerados y apoyar a aquellos conocidos, amigos y familiares que a todas luces la están pasando mal en el encierro, y no por falta de cosas materiales o comida.

Porque todos, con dinero o sin dinero, tenemos por primera vez miedo colectivo y mundial a contraer una enfermedad bastante “democrática” que ataca y mata sin discriminar raza, cultura o posición geográfica y económica. Y ese miedo cada uno lo vivimos y lo procesamos de manera diferente.

“¿Estaré entre quienes no contraerán el virus?” “¿Seré de los infectados?” “¿La libraré o caeré en el hospital?” “¿Me tocará la bola negra y me contaré entre las fatalidades? A pesar de que no las digamos en voz alta, esas dudas son las que nos tienen enclaustrados y, como digo, cada uno las enfrenta de forma variada.

Un amigo me dijo ayer, con un humor muy mexicano, que como ya estaba cansado de esa incertidumbre, él prefería que ya le diera el coronavirus. “Mañana tengo que ir al aeropuerto, voy a llegar y voy a chupar rieles, picaportes y pasamanos para ver si ya me da y que pase lo que pase”. Excelente ocurrencia.

Pero también conozco a personas que realmente están atemorizadas. Algunos se sienten más frágiles de salud o saben que están en la edad de riesgo más alto. Otros siempre han sido de los que se preocupan y unos más ven el panorama inédito y sombrío, sin motivo para el optimismo. Por cierto, esos temores son independientes a lo que cada uno tiene o no tiene en la alacena.

Entonces, ¿cuál es el punto el día de hoy? Pues que tenemos que estar conscientes de que este tiempo del coronavirus nos presenta muchos retos como sociedad y que la solidaridad, apoyo y compañerismo se ocupa en grandes dosis y no siempre en dinero o en cosas materiales.

Por lo demás, repito la fórmula para estos días: Mantener la calma, seguir aislados en la medida de nuestras posibilidades, ser solidarios con quienes necesiten nuestra ayuda, cuidar a niños y ancianos y aumentar medidas de higiene personales y a nuestro alrededor.

Como siempre, comentarios dirigirlos a ecampos50@gmail.com o en Facebook en la página Diario del Coronavirus o con el user @eduardocampossemeno.

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