Por Eduardo Campos Sémeno

Diario del Coronavirus 017. 1 de abril de 2020

925,132 infectados confirmados

46,291 muertes reportadas

9:30 PM

Como llegaremos a un millón de infectados mañana o al día siguiente, tal vez se nos olvida que el fenómeno del coronavirus estalló hace unas cuantas muy escasas semanas.

Apenas está iniciando el cuarto mes del año y las cosas andan tan mal que parece increíble que fue sólo a mediados del segundo mes, por a’i del 11 de febrero, cuando la Organización Mundial de la Salud identificó al virus como el Covid-19.

El mundo se enteró por esos días de lo que estaba pasando en el lejano oriente, pero las campanas de alarma no se encendieron de inmediato. De hecho, el 21 de febrero fue cuando Corea del Sur reportó una segunda muerte por el coronavirus, confirmando que lo que estaba pasando en China, y en su provincia de Wuhan, estaba emigrando hacia otras partes. Por aquellos días, todos los enfermos tenían relación con el gigante asiático.

El 23 de febrero, Italia reportó la muerte de su tercer ciudadano y decretó la terminación temprana del famoso Carnaval de Venecia. Ni qué decir que esa sí era una noticia más impactante, pero tampoco fue como para que acá, en estado lado del Atlántico, estuviéramos muy atemorizados.

Están leyendo bien, hace apenas seis semanas, la mitad del mundo estaba tan campante viviendo y haciendo negocios, igual en México como en Estados Unidos, Colombia o Argentina.

Si quieren ponerse trágicos, vamos a suponer que los sustos serios por el coronavirus empezaron a ocurrir hace cinco semanas, poco más de un mes. Pero –ojo– la idea del aislamiento social que paraliza economías tiene apenas tres semanas de existencia. De hecho, pudiéramos dejarlo en dos semanas, una quincena completa, porque hay evidencia periodística de que hace tres domingos, la mayoría de los mexicanos hacía su vida como si nada.

Entonces, ¿de qué crisis paralizante y agobiante está hablando Carlos Salazar Lomelín, líder del CCE, que a los 15 días sale a pedir rescate como si las empresas hubieran estado dos años en zona de guerra?

No me mal interpreten, lo que se está viviendo por el coronavirus es inédito y dejará tal vez no sólo una crisis económica, sino un nuevo paradigma financiero mundial. Así de impactante y de histórico está resultando este hecho.

Sin embargo, hoy apenas estamos surfeando la cresta de la ola de esta crisis sanitaria. Todavía no sabemos cómo vamos a salir de ella y, mucho menos, cuáles van a ser los daños al final de la tormenta. La tarea principal e inmediata de los gobiernos del mundo es tratar de detener la pandemia, disminuir el número de casos fatales, procurar recursos económicos y materiales para las víctimas y ayudar a los damnificados que están en situación más precaria.

Pero a Carlos Salazar Lomelín no le importa nada de eso. Él y los miembros de su Consejo Coordinador Empresarial se comportan como albañiles que viven al día y que perdieron el trabajo, y en menos de 15 días ya están pidiendo dinero para pagar el recibo de luz. Literalmente hablando: Carlos Salazar salió públicamente a pedir ayuda para lidiar con los cobros de la CFE.

En serio, esa postura se entendería de un albañil o de una empleada doméstica que no tuvieron los conocimientos o los recursos para ahorrar para una contingencia. ¿Pero qué clase de empresarios y brillantes administradores son esos que a los 15 días de un problema grave ya se reportan en una crisis “asfixiante”?

¿Y, además, qué tiene que ver la pandemia –que fue declarada hace apenas tres semanas, en marzo 11 para ser exactos– con la habilidad de los miembros del CCE de pagar sus impuestos en el 2020? La declaración anual que hoy les duele pagar es un mero reporte de los negocios que hicieron y el dinero que ganaron hasta diciembre de 2019, tres meses antes del coronavirus.

Nadie duda de que estos tiempos que vivimos traerán consecuencias para las empresas, igual que para todos. Sin embargo, hoy por hoy, –y para hacer una analogía acorde a las actuales circunstancias– a Salazar Lomelín y su raza todavía no les da ni la gripa y ya están pidiendo médico de cabecera, medicinas gratis y los mejores respiradores, mientras exigen, de una vez, también manejar la ambulancia. ¡Qué lindos pelaos!

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