Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

El coronavirus desnuda la mezquindad de los actores políticos del país. ¿Por qué los partidos políticos deben de tener tantas prerrogativas? ¿Por qué, como se planteó en los sismos del S19-2017, los partidos no donan sus espectaculares recursos económicos para la reconstrucción o ahora para combatir el Covid-19?

La oposición en México es una oposición poco solidaria con los ciudadanos, o nada solidaria. Abusa de las libertades políticas y convierten su crítica en libertinaje, en leperada. En momentos extraordinarios, se achaparran, ni siquiera son ordinarios. Dicen que es “ilegal” que los partidos donen recursos económicos para combatir el coronavirus. No se trata de “legalidad”, se trata de solidaridad y, por ende, de legitimidad. Lo suyo es la retención y, se sabe, quien retiene se descompone, se degrada.

Inició el debate Morena y anunció que cederá el 50 por ciento de sus recursos para designarlos a la emergencia humanitaria por el Covid-19. Inmediatamente la derecha, lo conservadores, reaccionaron.

El dirigente del PAN, Marko Cortés, enseñó el cobre, la bajeza.

“Sería grave que aprovechara esta circunstancia para desaparecer el sistema democrático del país”, se escudó. ¿Quién quiere desaparecer la democracia? Sólo se les pide solidaridad.

“No hay certeza de a dónde irá dicho recurso”, la única certeza es que ese recurso está en la panza de los partidos, y no quieren apoyar, cooperar a combatir el coronavirus.

Y, largoplacista como es, le pide al presidente Andrés Manuel López Obrador: “Que instruya a su mayoría en el Congreso de la Unión para que apruebe nuestra iniciativa de ley y, de forma excepcional, cuando se declare la emergencia sanitaria por parte del Consejo de Salubridad, podamos realizar apoyos. Todo ello, bajo la vigilancia del INE”. O sea, que ejerza el sometimiento del Legislativo al Ejecutivo, bonita democracia la que propone el dirigente del PAN.

Marko trata de escurrirse y no puede: no tiene argumentos, tiene intereses, ambición, codicia, egolatría política. No le importan los ciudadanos, le importa mantener los privilegios, vivir en la élite. Por eso se recuesta en el INE, en Ciro Murayama, y haciéndose patos graznan: “Eso es ilegal, ilegal, ilegal”. Cuacuar: cuac cuac cuac…

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