Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

No soy habitué del periódico español El País, un periódico de Iberoamérica muy provinciano. Trato de no perderme el suplemento cultural “Babelia”, un ejemplo de diversidad e inclusión. En las páginas hipócritas de Facebook, ayer me topé con una nota corta, pero profunda.

1.- “Portugal se ha revelado como uno de los países del mundo que, hasta el momento, ha gestionado con mayor éxito la crisis sanitaria derivada del coronavirus. Presenta una tasa de mortalidad por millón de habitantes de 77 personas y las medidas recomendadas de confinamiento y paralización de actividades no esenciales se tomaron con eficacia y prontitud. Un éxito –si es que se puede hablar de éxito en circunstancias en las que se producen fallecimientos– atribuible no solo a la responsabilidad de los ciudadanos portugueses, sino también a sus instituciones y a su clase política.”

2.- “Desde que se detectaron los primeros contagios, llegados del exterior a principios de marzo, el Gobierno socialista portugués se sintió arropado y apoyado por los partidos de la oposición conservadora, lo que no ha significado en ningún momento la ausencia de crítica por parte de esta. En un país con un sistema sanitario tocado por los importantes ajustes derivados de la crisis de 2008 y con un sistema de residencias de ancianos similar al de otros países del sur de Europa, toda la oposición ha adoptado desde el primer momento –incluso antes de que empezaran a producirse fallecidos– una actitud crítica, pero un límite claro y explícito: la necesidad de unidad en torno al Gobierno para superar una potencial situación dramática para el país.”

3.- “En este contexto, destaca que el primer partido de la oposición, el Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha) haya ofrecido al Gobierno socialista su total colaboración sin reservas. Su líder, Rui Rio, se dirigió a los militantes de su partido para explicarles claramente la situación: ‘No es patriótico criticar en estos momentos al Gobierno’, señaló y añadió que la lealtad expresada en el Parlamento no es un cheque en blanco. Lejos de levantar polémica interna alguna, la actitud de Rio ha recibido elogios que trascienden las mismas fronteras del país luso.”

En su artículo de hoy en El Universal, Lorenzo Meyer aborda el tema y, lógico, compara lo que sucede en Portugal y lo que sucede en México: “Suponer que hoy en México un líder de la derecha decidiera apelar a la ética y al patriotismo de sus correligionarios para convocarlos a desactivar temporalmente los ataques a un gobierno que debe hacer frente a la emergencia nacional, es tanto suponer que se puede arar en el mar”.

Hasta cuando pierde, regularmente el presidente Andrés Manuel López Obrador calcula bien. Nunca en su vida política, sin embargo, ha tenido un reto como el coronavirus, que es el reto que debe superar nuestra generación. La derecha quiso aprovechar la lucha feminista queriendo apropiársela para disminuir a López Obrador, no lo logró: el feminismo es esencialmente antineoliberal, por tanto, de izquierda.

La derecha en México tiene su oportunidad histórica –mezquina, en una era de emergencia sanitaria– de politizar un día sí y otro también el coronavirus: no les interesa la solidaridad, la sororidad, les interesa la voracidad de antaño y que ha sido atacada por la 4T. Aquí no hay ingenuidad porque acabar con Andrés Manuel es la tentativa de la derecha. En el antiguo régimen no existía separación entre los poderes económicos, políticos e ideológicos (cfr. Michelangelo Bovero) y, rememoro de nuevo a Gabriel Zaid, la corrupción no era parte del sistema, era el sistema mismo.

Como antes el feminismo, el coronavirus es ahora la excusa de la derecha para deponer a López Obrador. No están en contra de su manejo de la crisis sanitaria, están en contra del manejo de la crisis económica, de que se les disminuyan sus privilegios: educar a los consumidores, ausencia de condonación de impuestos, fin de la connivencia y, fundamentalmente, que los costos económicos ya no sean pagados por los ciudadanos (Fobaproba, ejemplo mayor).

Andrés Manuel tuvo un error de cálculo, la crisis del coronavirus no le cae como anillo al dedo a la 4T, ya sabía quiénes eran sus adversarios y cómo actúan en su actividad de hienas, de zopilotes. No, el coronavirus le ha caído como anillo al dedo a la derecha. Portugal no es un espejo para nosotros: en la dualidad náhuatl que habitamos históricamente, el espejo negro, Tezcatlipoca, nos domina.

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