Por Félix Cortés Camarillo

Cuando a finales del año pasado el coronavirus agarró la calle de Wuhan, en China, para no detenerse ante ninguna frontera ni ser combatido por medicamento alguno efectivo, iba de la mano de dos parientes suyos. Probablemente no sean tan letales como el original pero son potencialmente más peligrosos. Uno es el miedo; el otro, el uso político de la aterradora información sobre sus efectos.

            Si estamos de acuerdo en que es imposible, como dice el presidente López, regresar a una nueva realidad, es porque no se regresa nunca a nada nuevo. Lo cierto es que no tenemos duda alguna de que la vida ya no será la misma una vez que el virus ceda por natural agotamiento o por el progreso de la ciencia médica: los otros dos males seguirán con nosotros.

            El pavor se ha apoderado de nosotros al grado de trastornar  nuestras más elementales relaciones humanas, las afectivas. No sólo tenemos ya –y seguiremos teniendo– miedo a las ocasionales intimidades con desconocidos. El temor al contacto físico ha invadido nuestra casa, familia, amores. Ha de pasar mucho tiempo, años, a que remontemos esta resbaladilla del temor.

            Peor por malevo es el virus de la politización de los informes. Desde los mejor orígenes del contagio, atribuido por inducción a maquinaciones de alta política en pos de la destrucción del orden mundial, hasta la supuesta manipulación de los datos de inoculados, enfermos o fallecidos, toda aseveración es sospechosa de falsedad. La especulación de que perversos laboratorios ya tienen el remedio en sus bodegas y sólo esperan a que su precio crezca es aceptada o rechazada con la misma inconsistente rapidez. Las redes llamadas sociales se prestan de manera excepcional a la difusión, usualmente anónima de las más disparatadas versiones. Bien sabido es que el mejor terreno para los rumores es la carencia de informaciones fidedignas.

            Los amantes suelen enfrentar su mayor dilema precisamente después del coito: ¿qué hacer, qué decir?  Más temprano que tarde nos vamos todos a encontrar con esa disyuntiva luego de una experiencia tan importante y traumática como puede ser un encuentro sexual. ¿Y después del amor?

            No estamos preparados para enfrentar esa simple situación, como no estuvimos preparados para recibir y enfrentar el Covid 19. Y eso puede ser más importante que la discapacidad de nuestros gobernantes para emprender una recuperación económica. Indudablemente que será más difícil.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA, porque no puedo entrar sin tapabocas.: Señor Presidente, con todo respeto: En un solo mes México perdió más de medio millón de empleos a consecuencia de la pandemia. ¿De dónde van a salir los dos millones de trabajos que usted prometió para finales de este año?

‎felixcortescama@gmail.com

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