Por Eduardo Campos Sémeno

Diario del Coronavirus 067. 21 de mayo de 2020

5,080,409 infectados confirmados

     332,265 muertes reportadas

                                                                                                                      11:45 P.M.

Cuando el mundo sobrepasó hoy los cinco millones de infectados y México escaló ya al lugar 16 del “Top 20” de casos en la pandemia, no debe dejar de preocupar el hecho de que en muchos lugares como la zona metropolitana de Monterrey se esté acelerando “de facto” la apertura económica y social.

Pues mientras las autoridades presentan un plan para abrir despacio y con medidas “especiales”, lo cierto es que las calles, plazas, parques y todos los negocios que se van abriendo lucen repletos y con grupos de personas que sobresalen por su falta de cubre bocas o cualquier otra protección.

Si eso pasa en restaurantes y tiendas en las que puede haber más control de ingreso, ¿se imaginan qué va a pasar si la próxima semana se abren mercados al aire libre como se pretende hacer en municipios como San Pedro?

Los casos van en aumento igual que los decesos, pero muchos ciudadanos parecen más que listos para reincorporarse a cualquier cosa que se parezca a la normalidad.

Si me preguntan a mí, yo prefiero errarle al lado de los precavidos. Le apuesto mejor a seguir guardado lo más que pueda. De pronto sí me molesta un poco que existan quienes no quieran protegerse ni proteger a otros aislándose o portando máscaras y similares.

Sin embargo, no saldrá de mí reproche, pues como han pasado las semanas también he visto que crece a mi alrededor la desesperación en muchos niveles. Amigos empresarios y comerciantes que de plano están en sus últimas “fuerzas” de estar sin trabajar y todavía decir que tienen negocios.

Es una obviedad señalar que la necesidad económica es uno de los principales causantes de esa desesperación, no sólo entre los patrones, sino también entre trabajadores, empleados y sus familias.

Pero el dinero no es el único motivo. También veo que el estrés del encierro y el miedo al contagio cuando se tiene que salir de casa ha marcado hasta al más ecuánime. La gente está desesperada pues quiere ir a un café, a un salón de belleza, a platicar con amigos –hombres y mujeres–, pero principalmente quiere olvidarse de la amenaza sanitaria, de la paranoia de la pandemia.

¿Se arriesgan al salir? Claro. ¿Es imperativo que mantengan medidas de protección y de sana distancia? Por supuesto. Pero no podemos ni debemos sustraernos a ese grado de desesperación que cada quien pueda estar sintiendo. Algunos, me consta, simplemente ya no lo pueden manejar.

Entonces, así como vienen todavía días difíciles por contagios y muertes, anticipo que también vendrán jornadas de tensiones sociales y entre los gobiernos, los empresarios y los ciudadanos. Unos por hacer cumplir y hasta reforzar las reglas sanitarias y otros por acabar con esto de una vez por todas.

Espero que seamos capaces como sociedad de sortear esta etapa contra el coronavirus que, hasta la fecha en México, ha tenido más de 10 por ciento de mortandad.

Como siempre, comentarios dirigirlos a ecampos50@gmail.com o en Facook en la página Diario del Coronavirus o con el user @eduardocampossemeno.

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