Por Carlos Chavarría

La marcha de la clase media que hemos atestiguado no es sino una legitimación del propio presidente  de la república y de las instituciones  democráticas incompletas que aún padecemos, entre otras  causas debido al  poder absoluto de la figura del jefe del Ejecutivo que es lo que querían combatir.

Con seguridad el presidente se estuvo riendo  de la convocatoria desplegada por los empresarios que encabezaron el movimiento que los llevó al mas grande de los ridículos, pues es ridículo suponer que yéndose el presidente, renunciando la persona, las cosas en nuestro país habrán de mejorar.

El presidente y todo político sabe que en México quién elige es el 70% de la población que no profundiza, que no analiza, que no compara y que además olvida con gran facilidad las afrentas conferidas a la sociedad.

La despolitización de la sociedad ha sido un mal de nuestros tiempos que fue impuesto por el viejo PRI y la familia revolucionaria para impedir los cuestionamientos de fondo a la gestión pública.

La religión sin educación filosófica alguna,  la deformación de  la historia enseñada, los medios masivos de comunicación y los contenidos educativos hicieron su parte para que el elector comprase una  imagen casi bucólica de México y aislarlo no solo de las tendencias evolutivas del pensamiento sino hundirlo en el tutelaje mas abyecto con la intención que diversos grupos continuasen la explotación del régimen para su beneficio.

Esa parte de la sociedad bien poco ilustrada en política y acostumbrada  a la posición cómoda de su consumo, ese 30% al que se refiere López Obrador como clase media y alta, se lanzaron al llamado para salir  a las calles sin oferta alternativa, sin debate, sin ideología evidente, solo que se vaya López Obrador.

No cabe duda de que México requiere muchos cambios, pero la sociedad también y uno de ellos es aprender un poco más de política y administración de lo público, de lo que es de todos.

Política es el arte de manejar el conflicto. No se le puede dar gusto a todos los individuos y grupos, sino incluirlos a todos en un proyecto que permita que, en uso de la libertad y con apego a las leyes,  cada familia pueda crecer y progresar sin lastimar a nadie.

Nosotros tenemos un proyecto y se llama Constitución, y la historia nos reclama todas las desviaciones que de la carta magna hemos permitido que se hicieran y la lejanía de las leyes que ejercen los políticos.

Para mí no se trata de que se vaya uno para que venga otro que igual va a explotar el poder presidencial centralista para torcer la ley y deformar la realidad, se trata de exigir que se cumpla lo prometido sin mensocabo de nadie en el camino.

Se trata de aprender a distinguir lo posible y sostenible en el tiempo dentro de las ofertas electorales de cada elección, para así evitar gobiernos sustentados en el abuso y manipulación de la voluntad y el voto popular a través de la mentira y las medias verdades como ha ocurrido.

Se trata de impulsar a cada región hacia nuevos estadios de desarrollo y no a la perpetuidad de los mismos problemas con el propósito de fingirse gobierno.

Parafraseando a López Mateos: “izquierda o derecha, sí, pero dentro de la Constitución..”.

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