Por Félix Cortés Camarillo

Al inicio de este año, en el apogeo noticioso de la persecución de Emilio Ricardo Lozoya Austin por las autoridades mexicanas, quien fuera hasta hace un mes el encargado de la defensa del ex director de Pemex, Javier Coello Trejo, pronunció una frase en torno a la cual tejió la defensa y que a partir de ayer debe tener  ciertos personajes de las altas esferas de la política mexicana muy preocupados. El hace muchos años años llamado fiscal de hierro dijo sin ambages “Emilio Lozoya no se mandaba solo”. Era febrero y Lozoya había sido capturado en Málaga  por las autoridades españolas.

La frase es lapidaria y sugiere abiertamente que detrás de los malos manejos de Lozoya en la compra por parte de Pemex de una planta de fertilizantes nitrogenados que estaba en ruinas a un precio exageradamente alto se habría cometido por órdenes o con la aprobación del presidente Peña. La otra acusación de mucho peso -y pesos- es el soborno confesado por los directivos de la empresa brasileña Odebrecht que Lozoya habría recibido por el monto de diez millones y medio de dólares cuando fungía como cabeza internacional de la campaña de Peña Nieto hacia la presidencia.

Hay dos teorías ampliamente comentadas en torno a este personaje: la una, que gran parte del soborno millonario se destinó a la campaña de Peña Nieto. La otra más reciente, que hace dos años exactamente cuando Peña Nieto cedió con mansedumbre los hilos del poder al presidente electo López Obrador, lo hizo a cambio de un supuesto pacto de protección de Enrique Peña Nieto. Eso explicaría la amnesia del presidente López, que oculta su supuesto compromiso a perseguir la corrupción del gobierno que le antecedió, sin importar quién resultara afectado, compromiso que se integró a su discurso de campaña.

Sorpresivamente, el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero dio a conocer ayer que el lunes Emilio Lozoya había oficialmente aceptado su proceso de extradición a México para ser juzgado en su patria. Un mes antes el despacho de Javier Coello Trejo había dejado la defensa de Lozoya, por divergencias estratégicas y de común acuerdo con éste. El acusado,, además de solicitar a la justicia española que lo entregue a la mexicana, se ofrece a colaborar con la información de que dispone, al gobierno de México. En ese momento la frase de que “Emilio Lozoya no se mandaba solo”, adquirió una vigencia renovada y especial.

¿Quién puede tener miedo a lo que Lozoya indudablemente sabe y está dispuesto a negociar a cambio de un juicio menos severo?

Todo lo que se diga y escriba en torno a ese acertijo será especulación mera. Va a ser sin embargo un importante distractor en estos tiempos de una pandemia que no cede y una violencia criminal que ya se metió a las calles de la Ciudad de México atentando contra uno de los más importantes policías del país, si no el más importante y mejor calificado. En tiempos en que la crisis económica está dando muestras de las consecuencias que ya está trayendo a nuestros bolsillos, nuestros trabajos, nuestras vidas. Una de esas consecuencias es precisamente que un mexicano sin trabajo ni oportunidades tendrá la tentación del crimen, organizado o no, para darle de comer a sus hijos.  

La pregunta es si el presidente López estará dispuesto a ir a las últimas consecuencias para aclarar la corrupción del régimen anterior. Y eso, espero, lo sabremos bien pronto: el fiscal Gertz Manero se comprometió ayer a traer a tan importante reo muy pronto a México, en aeronave de bandera mexicana y respetando todos los protocolos. Lozoya es una carta fatal demasiado valiosa en este juego, que sin duda es político.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA PORQUE NO ME DEJAN ENTRAR SIN TAPABOCAS: Con todo respeto, Señor Presidente, al cabo de dos exactos años ¿no valdría la pena reconsiderar decisiones unipersonales y en algunas casos violatorias de leyes y acuerdos? 

‎felixcortescama@gmail.com

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