Por Félix Cortés Camarillo

Tristísimo panteón

yo te saludo.

a ti me acerco

sin temor ni espanto

Oscar Chávez, Tristísimo Panteón

Un camarada muy apreciado de Bertha y mío, cantante de excelencia, trata desde hace ocho días de arrebatarle su aliento al Covid 19 en una cama de hospital en la Ciudad de México. Parece que la va librando; si yo creyera en Dios estaría rezando por él, pero esa es la maldición que pesa sobre los agnósticos: nuestras oraciones no valen.

En todos los entornos danza en estos tiempos, aleteando, la muerte, esa que los mexicanos hemos dicho por generaciones que nos pela los dientes. Esa que sabemos inevitable pero ante cuya proximidad estamos aterrados.

A ese machismo colectivo, nacional, el genio italiano de la música para el cine acaba de dar una lección magistral, que no de música: escribió su propia esquela. “Yo, Ennio Morricone, he muerto. Lo anuncio así a todos los amigos que siempre me fueron cercanos, y también a esos un poco lejanos que despido con gran afecto”, comienza el texto en donde expresa amor a sus hijos, nietos y amigos más cercanos, de manera señalada a su mujer. Para pedir un funeral íntimo explica la razón de su anticipada misiva: “no quiero molestar”.

Perdone usted que me haya muerto, se antoja el único mensaje póstumo a aquellos que queremos, ahora que la pandemia implacable, aunque no masiva, nos ha hecho replantearnos las dos únicas certezas que los humanos tenemos, que son la inevitabilidad de la muerte y la imposibilidad de programarla en fecha, hora y circunstancia.

Morricone tiene sin duda razón: por lo general, el que muere es el que menos sufre. Por algo decimos que el fallecido se ha despojado de las penas de este mundo y descansa en paz. Mis padres, a los únicos que causaron dolor muriéndose fue a quienes los seguimos queriendo y recordando.

Ante la página en blanco me preguntaba hoy hace un rato, si vale la pena pensar y escribir sobre las flatulencias mentales del poder, la incontinencia casi uretral del verbo de los políticos, o los desvaríos de las decisiones de quienes nos gobiernan, frente a cosas tan fútiles como la vida y la muerte.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA PORQUE NO ME DEJAN ENTRAR SIN TAPABOCAS: Con todo respeto, Señor Presidente: Repite usted, con razón, que no se debe tirar la piedra y esconder la mano. Antes de irse a su reunión con Trump en su sermón mañanero acusó usted a los empresarios que se montaron a la generación de energía limpia -en este caso la eólica- porque vieron gran oportunidad de negocio. Como si fuera un delito, usted descubrió que los que vendían pan, vendían leche o refrescos muy conocidos, se convirtieron en generadores de electricidad. Pero, aunque aquí no hay delito, sí hay piedra lanzada y mano oculta. ¿Por qué no dice llanamente que detrás de las energías limpias están los dueños de Bimbo, Leche Lala y Femsa de Coca-Cola.

O ¿le entendí mal?

‎felixcortescama@gmail.com

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