Por Guillermo Colín

Luego de marcar un hito en la siempre azarosa relación México-EU, AMLO debe examinar lo que a final de cuentas devino su política pandémica: no hacer nada sin los beneficios (que Suecia sí obtuvo). Aquí poco se contuvo al COVID-19 y sí en cambio se dañó la economía, el empleo y el ingreso. Ahora el confinamiento intermitente para muchos ya no es opción.

El presidente López Obrador en aras de la seguridad nacional haría bien en voltear su atención a la teledirigida crisis sanitaria (y económica por las medidas adoptadas) que padece México. Viene algo peor diseñado por la Fundación Rockefeller: probar que no se es sujeto infeccioso para poder ingresar a los trabajos (lo que prueba que el confinamiento fue derroche de tiempo). Las en apariencia inocuas pruebas que ya se venden en internet son apenas el comienzo de una vigilancia social insospechada.   

Cabría por lo pronto meter en cintura a los gobernadores o alcaldes que a manera de talibanes de la salud (léase la convocatoria del alcalde de San Pedro a mover la delación entre vecinos que hagan fiestas, primeras comuniones o bodas en sus casas), no sólo violan garantías constitucionales sino también juegan con fuego entre tanto paro y arranque caprichoso.

O ¿se les permitirá seguir con sus desastrosas ocurrencias? ¿Qué pasará si el nefasto Alfaro pone a Jalisco en paro cardíaco como pretende por 14 días sin bancos ni gasolineras? En el horizonte tormentoso se forman los nubarrones del desabasto que pueden desatar. La cadena Soriana ya anunció el cierre de una de sus tiendas en Puebla. ¿Cuántas más siguen? 

No puede por más tiempo desgastarse la economía nacional y la fábrica del tejido social en políticas de confinamiento que urge revisar su eficacia real. Para poner en perspectiva sólo un aspecto de lo anterior, hay que ir hasta la millonésima porcentual para encontrar un dígito significativo de fatalidades. Los fallecimientos anunciados al día de ayer (34,730) representan el 0.00027 % de la población total. Si se cuadruplicara esta cifra (o sea casi 140 mil muertos) igual el percentil tendría que buscarse a la millonésima (00088%) de la población.

Urge al poder legislativo, al gobierno de AMLO, a su gabinete y no se diga a la sociedad entera, encarar la pandemia con una visión poliédrica y compleja del problema, mucho más allá del inútil tapabocas y del concepto mondo de “enfermedad”, por todas las letales amenazas que ésta contiene contra la humanidad y por los agentes internacionales que las esgrimen, de la que surja un obligado replanteamiento de la estrategia a seguir; concepto que por lo dicho supera en mucho el necesario recambio del portavoz López-Gatell (discípulo tecnócrata de Julio Frenk asociado al salinismo y al calderonismo).

A un semestre del inicio relativo de la pandemia, dicho con justicia, se tienen: “otros datos” que obligan a reconfigurar el panorama de la pandemia y formas alternativas para resolverla.

Lo anterior se hace más pertinente si se considera la recién anunciada denuncia del PAN ante instancias multilaterales como la ONU, la OEA, y la CIDH por negligencia y mal manejo de la pandemia, a la que sería un despropósito descalificar de un plumazo.

Más allá de la postura política de oposición la denuncia tiene algún sustento. La salud pública no sólo comporta temas médicos y científicos sino fundamentalmente políticos: ¿Cómo procura y gestiona en la pandemia el gobierno mexicano el cuidado de la salud de los ciudadanos y bajo qué premisas de consenso se desprenden esos cuidados?

El debate sobre cómo seguir combatiendo al COVID-19 en México podría correr a lo largo de varios ejes. Uno sería reclamar la soberanía en salud pública tomando distancia de la OMS. Se tienen pruebas exhibidas la semana pasada por el presidente de Ghana, que el COVID-19, se patentó, fabricó y manipuló genéticamente en EU y luego fue “soltado” en China.

Existe una versión que habla de otro virus semejante en grado militar con índice de letalidad varias veces superior. Más allá de averiguar los orígenes del virus, ¿qué debe tener en cuenta para su seguridad el gobierno mexicano a la luz de estas revelaciones? La posible denuncia del PAN podría ser aprovechada para contrarrestarla, haciendo una extensión de lo denunciado por el gobierno ghanés por ejemplo, y liderar alguna iniciativa de los pueblos latinoamericanos de cara al eugenésico genocidio que se prepara. 

Otro aspecto a atender sería reenfocar el diagnóstico y la terapia para cuadros gripales que pueden ir de moderados a severos, a los que hay que atender dentro de las primeras 48 horas para evitar mayores complicaciones con kits (muy económicos) de todo lo necesario (Ivermectina incluida). Es el modelo de atención deambulatoria que sigue desde hace meses la República de El Salvador con éxito.

Finalmente en otros países usan (el mismo Trump lo avisó) la hidroxicloroquina u otros fármacos alternativos que salen al mercado entre maniobras de ocultamiento y descalificación por parte de una mafia feroz acuerpada en la OMS y en la OPS en todos los países miembros. Arietes de las transnacionales farmacéuticas y de enclaves de ni tan oscuros designios como las fundaciones Rockefeller y Bill y Melinda Gates. Ya no son carteles detrás de la acción, están presentes, la dirigen. Ya son realidades, no teorías conspirativas. Se trata de mantener a la humanidad en vilo y en pánico. Sociedades enfermas con economías destrozadas.  

Véase cómo desde 2010 “la Fundación Rockefeller (http://www.nommeraadio.ee/meedia/pdf/RRS/Rockefeller%20Foundation.pdf) vislumbró formas autocráticas de vigilancia y control sobre los ciudadanos. Actualizado a 2020 la Fundación propone aplicar pruebas con apoyo en la “Junta de Producción de Guerra”, agencia de EU que organizó la producción durante la II GM y que cuenta con el poder de confiscar u ordenar lo necesario para aplicar masivamente la prueba, como en tiempos de guerra, con estrategias similares a las policíacas para los reacios a participar. Quienes no prueben que no tienen el coronavirus no podrán ir a trabajar”. (Publicado en “El Mañana” por el Dr. Felipe Javier Uribe Salas de El Colegio de la Frontera Norte) ¿Está enterado y preparado el gobierno mexicano sobre este plan que virtualmente ya se está empezando a aplicar en todo el país?

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