Por Carlos Chavarría

La historia de México, pero sobre todo la mas reciente, da suficiente material para miles de anuncios acerca de hallazgos confirmatorios de lo que siempre supimos los ciudadanos, que en el gobierno se roba y mucho, de hecho los costos asociados a todas las formas de corrupción se incorporaron como precios sombra en casi toda transacción mercantil.

Todas las áreas de la actividad económica se confrontan en algún momento con un  reglamento o transacción con el gobierno, cuyos costos se trataran de eludir o de alcanzar alguna ventaja indebida, es a lo que se llama malas prácticas y que a pesar de que el discurso presidencial está enfocado casi en exclusivo en la corrupción, poco se ha hecho para cambiarlas.

Todos los personajes de las órbitas políticas tienen algún esqueleto guardado en el clóset y por eso estan muy callados esperando que la cargada electorera les  permita mimetizarse en medio de la guerra sucia que ya da muestras de estarse desatando.

No se ve por ninguna parte los nuevos rostros y voces de la  “nueva oposición” que articule una oferta electoral con visión de futuro y no solo que contraste los desatinos de López Obrador, que sin dudarlo son muchos, pero que no parecen haberle afectado sensiblemente en sus niveles de aprobación.

Mas aún, con lo amagos presidenciales por destapar mas la cloaca, enmudecieron todos, pero todos los dedicados al arte de la política, porque para tener la lengua larga, hay que tener la cola corta y eso es bien sabido por los hombres públicos.

El presidente López Obrador se negó por 2 años a los escándalos porque bien sabe que una cosa es anunciar la captura de un político ladrón y otra muy diferente es probar los latrocinios, recuperar lo hurtado y mantenerlos en prisión.

Además de que la actual administración no se ha distinguido precisamente por su aseo en materia de contratos y disposición ordenada de los recursos, habida cuenta del muy socorrido método de adjudicaciones directas utilizado, así como la fama pública de algunos de sus mas altos funcionarios y allegados.

Los datos de la Secretaría de Hacienda indican que sin contratar nueva deuda, ya no hay holguras para mantener operando las dependencias del gobierno, mucho menos sostener los programas de gasto ya comprometidos. Solo de Enero a Mayo de 2020, el balance presupuestario registra un déficit contra lo programado de 175.2 mil millones de pesos (mmp) y un cambio negativo respecto al mismo periodo de 2019 de 250.6 mmp, sin contar la deuda que aumentado de 10.2 billones de pesos en Octubre de 2018 a 12.7 en Mayo de 2020.

Lo que se verá  a medida que se acerquen los tiempos electorales no será otra cosa que pirotecnia verbal anticorrupción con muchos mas rostros y nombres involucrados, con la muy obvia intención de distraer al público de las muy dolorosas medidas económicas que tendrán que tomarse para salir adelante.

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