Por Carlos Chavarría

La misma subestimación de siempre hacia los mexicanos. Esta semana anunciaron en el peor momento una “mejora” en los sistemas de cuentas individuales para el retiro que pretende aumentar las pensiones de cada quien a través de ajustes paulatinos y graduales en las aportaciones de los trabajadores y de los empleadores.

La subestimación surge porque serán los propios ciudadanos los que habrán de pagar por esas aumentos que al final se incorporaran a los precios de todos los productos y servicios que consumimos.

En una economía donde el 66% es informal suena a tratar de subestimarnos al suponer que con esas medidas ya se avanzó en el problema de las pensiones futuras.

Si la seguridad social en su conjunto es un derecho de todos los mexicanos hay que hablar con la verdad a la gente. Los derechos de este tipo tienen un costo y ese costo lo pagamos todos y así debe ser, en consecuencia, como en muchos países que no subestiman a sus ciudadanos, el costo de la seguridad social es un componente del IVA y no de los engaños que hacen suponer que lo pagaran las empresas, con tasas aplicadas a los costos de mano de obra que serán eludidos a través de la subcontratación del personal. Pero al final,  de cualquier forma, no se pueden aumentar los beneficios y derechos sociales si la productividad no crece a la par.

¿Qué sentido tiene financiar los programas sociales con ingresos que están atados a los salarios y estos a su vez están anclados para evitar un desbordamiento de la inflación? Es simplemente absurdo.

Los sistemas de pensiones perdieron su viabilidad desde el momento en que los manejó el gobierno y las crisis recurrentes obligaron a “atar” los salarios como medida de control inflacionario, en un escenario en el que las personas vivimos más años.

Aunado a este complejo asunto está el hecho de  la cada vez menor tasa de nacimientos por mujer fértil lo que ocasiona una pirámide contributiva que ya no es suficiente para sostener  los programas sociales.

Por supuesto que la propuesta de reforma no toca los cientos de sistemas de pensiones de las entidades gubernamentales (empresas públicas, gobiernos estatales y municipales, etc.), todos diferentes, sin reservas actuariales, cargados al presupuesto pero siempre superiores a los de los mortales comunes.

No existe un solo sistema pensionario de un trabajador en empresas privadas que iguale a los beneficios de los sistemas públicos. ¿Es o no es una subestimación?.

Pero la foto salió muy bonita. El semblante adusto del representante de la cumbre patronal, que no de todos los empresarios, el líder de la CTM y el rostro sonriente de un presidente que le va a todas, aunque la solución del problema se pase más adelante.

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